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martes, 7 de abril de 2009

¿Qué debo pensar acerca del uso de los anticonceptivos?

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Uno de los autores sobre la moralidad sexual más citado es el Padre Philip Keane. En su libro (en inglés) él nos recuerda que la enseñanza oficial de la Iglesia, como se afirma en la encíclica Humane Vitae, es que el uso de los anticonceptivos, que incluyen los condones, siempre y en todas circunstancias es un mal moral grave, objetivamente. 

Sin embargo, alguien que usa en el matrimonio el condón u otro anticonceptivo puede permanecer en la Iglesia y recibir los sacramentos. 

Las razones detrás de esta postura incluyen (1) una consideración del lugar que ocupa la consciencia en la vida del cristiano, (2) la responsabilidad del católico a seguir las enseñanzas de la Iglesia cuando, hablando como Madre y Maestra, su enseñanza no es infalible y (3) lo que el pensamiento teológico sobre el pecado es.  

Todo ésto no va contra las enseñanzas de Humane Vitae que dice claramente que objetivamente el uso de condones y otros anticonceptivos siempre es un mal moral. Subjetivamente, el documento señala que puede haber una variedad de casos en los cuales una pareja católica puede utilizar condones y otros anticonceptivos sin caer en pecado grave. Sin embargo, en casos muy complejos parece ser que la mayoría de los teólogos que estudian la moral se orientan a decir que no se puede determinar la moralidad del acto sexual sin tomar en cuenta todas las circunstancias que llevan a la pareja a usar anticonceptivos.  Esta postura no va de acuerdo con la conclusión de la encíclica Humane Vitae que dice que no existen ningunas circunstancias en las cuales el uso de condones u otros anticonceptivos puede ser moral. 

      Recientemente en la visita que hizo el Papa a África dijo que no se debe usar anticonceptivos porque la finalidad del matrimonio es la unión de la pareja y la procreación. Probablemente él hablaba desde el punto de vista objetivo. Pero después, al ver la reacción del mundo católico, parece ser que le faltó indicar que hay casos particulares/subjetivos como el SIDA (que es un problema fuerte que se vive actualmente en África y otras partes del mundo) que serian una excepción, según lo que parecer ser la opinión de la mayoría de los moralistas católicos. 

jueves, 26 de marzo de 2009

Por qué el preservativo no es la solución

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Autor: Carlos Pi, L.C. | Fuente: GAMA Análisis y Actualidad / Es.Catholic.Net


Los preservativos no son la solución para el SIDA.  El Papa no dijo nada nuevo. Medios de comunicación, gobiernos, organizaciones… le han criticado por no reconocer el problema real del SIDA ni querer afrontarlo directamente. ¿Han leído lo que dijo Benedicto XVI?

El problema del SIDA es doble: por una parte, cómo evitar la difusión de esta enfermedad, que en algunos países es galopante; por otra parte, la atención a los que sufren esta enfermedad. El Papa dio una solución para ambas problemáticas: a la primera, humanizar la sexualidad (y aquí venía su crítica a los preservativos); a la segunda, la cercanía, amor y cuidado de todos los que sufren. Y en ambos campos, la Iglesia es pionera y punta de lanza.

Es un hecho que el mayor factor para la difusión del SIDA es la promiscuidad sexual. Los preservativos no pueden ser la solución, pues además de no ser 100% seguros contra la transmisión de enfermedades venéreas, promueven la promiscuidad, elevando así el riesgo de contagio.

La Organización Mundial de la Salud informaba hace algunos años que la proporción de fallo del condón para la transmisión del SIDA oscila entre el 10 y el 30%, dependiendo de si se emplea de manera consistente y correcta o no. Nótese que, incluso utilizándolo de manera correcta, hay siempre un riesgo nada despreciable de contagio. Con estos datos, la Dra. Helen Singer-Kaplan, de la Universidad de Cornell, concluía que "confiar en los preservativos es coquetear con la muerte". 

Por su parte, el Harvard´s Center for Population and Development Studies llegó a la siguiente conclusión en un estudio realizado sobre este tema: tras veinte años de experiencia, no hay ninguna prueba de que los preservativos ayuden a disminuir el SIDA; más bien parece lo contrario. 

La mejor forma para detener el contagio es la abstinencia. Y esto no sólo lo demuestra la lógica más evidente, sino también los hechos. Tenemos el ejemplo de Uganda, donde el SIDA avanzaba de modo imparable con los planes de reparto masivo de condones, hasta que el presidente optó por cambiar estrategia e impulsó la educación en la castidad: promoviendo la abstinencia sexual antes del matrimonio y luego la fidelidad conyugal, se lograron reducir en un 65% las relaciones sexuales “casuales”, disminuyendo así la prevalencia del virus HIV en un 75% entre los jóvenes de entre 15 y 19 años, en un 60% entre los de 20 y 24 y en un 54% en el conjunto de la población. Los hechos hablan por sí mismos.

Pero a menudo, cuando se habla del SIDA, se olvida a los enfermos que lo sufren. El Papa no les ha olvidado y la Iglesia tampoco. Me gustaría saber qué hacen todos aquellos que dicen que la Iglesia no hace nada para combatir el SIDA: a cuántos enfermos han ido a visitar, consolar, animar, ayudar… Esto sí lo hace la Iglesia. 

La Iglesia sí se compromete con los que sufren. Basta ver a tantos misioneros, tantos religiosos y religiosas que lo han dejado todo (patria, familia, carrera, dinero, posibilidades de éxito…) para ir a cuidar, curar y acompañar a sidosos, leprosos, tuberculosos… poniéndose ellos mismos en riesgo de contagio, con el único deseo de llevar un poco de amor a esas personas que sufren tanto. Se calcula que el 25% de la atención mundial a enfermos de SIDA la ofrece la Iglesia Católica. Ningún otro estado, gobierno o institución se acerca, ni de lejos, a este compromiso con el mundo del sufrimiento.

Éstas son las soluciones que ha propuesto el Papa, soluciones que sí han sido y están siendo eficaces. No como el preservativo, que sólo sirve para que algunos hagan negocio. Ante los datos tan evidentes a este respecto, surge la pregunta sobre la intención de quienes promueven el uso de preservativos contra el SIDA: ¿se trata de ayudar a la sociedad africana o de aprovecharse de ella? Si se quiere ayudar, que se invierta más en educación, sistemas sanitarios, higiene y menos en condones. Que se renueve y humanice la visión que occidente tiene de la sexualidad, y que haya un verdadero compromiso con los que sufren esta enfermedad.

Si querés comunicarte con el autor de este artículo escribí a cpi@legionaries.org  

Más información sobre este tema aquí


Blogumulus by Roy Tanck and Amanda Fazani

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