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viernes, 1 de marzo de 2013

Desprendimiento

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Se excluye de una verdadera vida interior, de un trato de amor con el Señor, aquel que no rompe las amarras, aunque sean finas, que atan de modo desordenado a las cosas, a las personas, a uno mismo. «Porque poco se me da -dice San Juan de la Cruz- que un ave esté asida a un hilo delgado en vez de a uno grueso, porque, aunque sea delgado, tan asida estará a él como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Verdad es que el delgado es más fácil de quebrar; pero, por fácil que es, si no lo rompe, no volará» (10).

El desprendimiento aumenta nuestra capacidad de amar a Dios, a las personas y a todas las cosas nobles de este mundo.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Amame tal como eres

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"Conozco tu miseria, tanto las luchas y tribulaciones de tu alma, como la flaqueza de tu cuerpo enfermizo; conozco tu cobardía, tus pecados, tus desfallecimientos; y sin embargo te lo digo: ‘¡Dame tu corazón, ámame tal como eres!'Si esperas a ser un ángel antes de abandonarte y de entregarte al amor, no Me amarás nunca. Aunque caigas con frecuencia en esas faltas que no quisieras cometer nunca, aunque seas débil en la práctica de la virtud: lo soporto todo, menos que no Me ames. En cualquier instante v en cualquier disposición que te encuentres, tanto en el fervor como en la aridez, ¡ámame tal como eres! Quiero el amor de tu indigente corazón; si, para amarme, esperas a ser perfecto, no Me amarás nunca. ¿Acaso no podría Yo hacer de cada grano de arena un serafín radiante de pureza, de nobleza y de amor? ¿Acaso no podría yo, con un solo signo de mi Voluntad, hacer surgir de la nada millares de santos mil veces más perfectos y amorosos que los que he creado? ¿Acaso no soy el Todopoderoso? ¿Y si quisiese dejar en la nada para siempre a esos seres maravillosos y prefiriese más tu pobre amor que el suyo?!Hijo mío, déjame amarte, quiero tu corazón. Desde luego que tengo previsto formarte, pero entretanto, te amo tal como eres.

Y quisiera que tu hicieses lo mismo; deseo ver ascender el amor desde lo más profundo de tu miseria. Amo en ti incluso la flaqueza. Me place el amor de los pobres; quiero que, de la indigencia, se eleve continuamente este grito: ‘Señor, te amo ¿Para qué quiero yo tu ciencia y tus talentos? Habría podido destinarte a grandes cosas; pero tu serás el siervo inútil. ¡Sólo te pido que ames! El amor te llevará a hacer todo lo demás sin que te des cuenta; intenta solamente llenar de amor el momento presente; procura cumplir por amor todos tus pequeños deberes.Hoy me presento como un mendigo delante de la puerta de tu corazón, Yo, el Señor de los señores. Llamo a tu puerta y  espero: date prisa en abrirme, no alegues que eres miserable, ni me digas que no eres digno. Tu indigencia, si la hubieses conocido del todo, te habrías muerto de dolor. La única cosa que podría herir Mi Corazón, sería verte dudar o faltar a la confianza.

Quiero que pienses en Mi cada hora del día y de la noche; no quiero que hagas la más mínima acción por un motivo que no sea el amor. Te concederé un amor mucho más perfecto de lo que hubieses podido soñar.Pero acuérdate de esto: ¡ámame tal como eres!. No esperes a ser santo para abandonarte Y entregarte al amor, si no, no amarás nunca jamás”.
Amame tal como eres

domingo, 22 de julio de 2012

Autoestima del cristiano

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El problema más fundamental en el hombre consiste en ser un ser limitado que no suele estar dispuesto a asumir su limitación. Ante la propia indigencia caben tres actitudes posibles: no aceptarla y hacerse creer que no existe o que se podrá resolver con el solo esfuerzo humano (optimismo ingenuo o soberbia clásica), exagerar la propia flaqueza y caer en una especie de complejo de inferioridad (pesimismo radical o falsa modestia) y, por último, la humildad o verdadera actitud realista que lleva a reconocer la propia limitación y a buscar los medios adecuados para solucionarla.

El  origen de la soberbia es remoto. Viene de muy lejos, tanto en la historia de la humanidad (pecado original?), como en la vida de cada uno de nosotros, ya que es un problema que se cultiva desde nuestra tierna infancia.

Si el amor verdadero hacia los demás depende de la medida en que nos amemos a nosotros mismos y  este amor de sí mismo a su vez no resulta ser posible sin la conciencia de ser amados tal como somos, podemos deducir que sólo seremos capaces de amar de verdad en la medida en que experimentemos un amor incondicional. Visto que los hombres no somos capaces de amar de modo totalmente incondicional —amando por ejemplo todos los defectos de alguien—, podremos concluir que el desarrollo de nuestras capacidades afectivas depende del descubrimiento del amor de Dios.

martes, 5 de junio de 2012

Qué significa ser hijos de Dios

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El anticipo de la herencia prometida lo recibimos ya en esta vida: es el gaudium cum pace, la alegría profunda de sabernos hijos de Dios, que no se apoya en los propios méritos, ni en la salud o en el éxito, ni consiste tampoco en la ausencia de dificultades, sino que nace de la unión con Dios; se fundamenta en la consideración de que Él nos quiere, nos acoge y perdona siempre... y nos tiene preparado un Cielo junto a Él, por toda la eternidad. Perdemos esta alegría cuando dejamos a un lado el sentido de nuestra filiación divina, y no vemos la Voluntad de Dios, sabia y amorosa siempre, en las dificultades y contradicciones que cada jornada nos trae.

No quiere nuestro Padre que perdamos esa alegría de hondos cimientos: Él quiere vernos siempre contentos, como los padres de la tierra desean ver siempre a sus hijos.

Además, con esa actitud serena y gozosa ante la vida -el gaudium cum pace (17)-, en la que no faltarán contradicciones, el cristiano hace mucho bien a su alrededor. La alegría verdadera es un formidable medio de apostolado. «El cristiano es un sembrador de alegría; y por esto realiza grandes cosas. La alegría es uno de los más irresistibles poderes que hay en el mundo: calma, desarma, conquista, arrastra. El alma alegre es un apóstol: atrae a los hombres hacia Dios, manifestándoles lo que en ella produce la presencia de Dios. Por esto el Espíritu Santo nos da este consejo: nunca os aflijáis, porque la alegría en Dios es vuestra fuerza (Neh 8, 10)» (18).

Fuente: Hablar con Dios

lunes, 30 de mayo de 2011

Sé tu mismo

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“Y todo lo que puedan decir o hacer, haganló en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. Cualquier trabajo que hagan, háganlo de buena gana, pensando que trabajan para el Señor y no para los hombres. Bien saben que el Señor los recompensará dándoles la herencia prometida. Su Señor es Cristo y están a su servicio.”
(Carta a los Colosenses 3:17,23-24)

El profesor de Religión le preguntó a Roberto: “¿Puedes darme una cita de alguno de los santos?” Roberto, que estaba estudiando las notas para su examen de Inglés dijo: “Sé tú mismo”. “¿Y qué santo dijo eso?”, preguntó el profesor.”¿San Pablo?” susurró Roberto tratando de adivinar. “No,” dijo el maestro, que había visto las notas, “fue escrito por Shakespeare.” “Apuesto que las copió de San Pablo”, dijo el niño.

Claro Shakespeare no copió las palabras de San Pablo, pero podría haberlo hecho, si hubiera leído con atención este pasaje de Colosenses. San Pablo, en efecto, nos está exhortando a ser lo que realmente somos en todo lo que hagamos. Para recoger el significado del pasaje Shakespeare tendría primero que haber consultado una fuente más vieja. Al filósofo de la Antigua Grecia Sócrates le gustaba consultar el oráculo de Delfi: “Conócete a ti mismo”. Para ser lo que realmente somos, uno primero debe conocerse. 

Una de las frases favoritas de San Pablo es “en Cristo” que va a nuestras raíces: somos miembros del Cuerpo de Cristo. Para actuar como verdaderamente somos tenemos que actuar siempre en el nombre de Jesucristo, porque hemos estado unidos íntimamente con él. Podemos actuar desde el corazón, porque nuestros corazones pertenecen a Cristo quien los llena de gracia. No debemos quedar indecisos entre la literatura inglesa y la filosofía de la Antigua Grecia, debemos descubrir qué es lo que significa hablar y actuar con el corazón afianzado en Cristo. El Evangelio es el punto de referencia  con el que verificamos la autenticidad de nuestras palabras y hechos. Buscamos ser verdaderos con nosotros mismos siendo verdaderos con Cristo, no por otra causa, sino por la causa de EL. Ser verdaderos con El es ser agradecidos con su amor. Y solamente siendo verdaderos con El podremos servir genuinamente a otros.

La recompensa es grande: Nosotros que somos el Cuerpo de Cristo, somos los herederos de su Gloria. ¡Demos siempre gracias a Dios!

lunes, 9 de mayo de 2011

Regalo de uno mismo

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Nuestra Señora de Jerusalén
Por el contrario nos hicimos pequeños entre ustedes, imitando a la madre que juega con su criatura. Y era tal nuestra preocupación por ustedes, que estábamos dispuestos a darles, no solo el Evangelio, sino también nuestra propia vida, tan queridos habían llegado a ser para nosotros.
(1a. Carta a los Tesalonicenses 2:7-8)

Mi hermana recientemente tuvo su primer bebé, ¡Que bebé más lindo! Mara ha crecido con una velocidad increíble, en cada visita al doctor supera en peso al 99% de los bebés de su misma edad.

Cristina llama frecuentemente para reportar: “¡Mara ha estado amamantando todo el día, va a crecer nuevamente!” A veces solamente llama para compadecer, porque ha estado todo el día dándole de tomar leche, sin importarle cuanto tiempo esté haciéndolo.

Hablamos y reflexionamos sobre lo que vemos a nuestro alrededor: una cultura de distancia entre las madres y sus bebés. Es tan fácil para el bebé ir de la cuna a la mecedora y de ahí al asiento para el carro con solamente un par de paradas en los brazos de alguien para comer. “No hay amor sin sacrificio propio”, mi hermana y yo estamos de acuerdo. En efecto, ese tiempo amoroso entre la madre y su hijo, cuando la madre amamanta al bebé con su propio cuerpo, deleita al niño con su propia sonrisa o lo mece con su propio cuerpo, todo eso es la primera experiencia que tiene el niño del amor sacrificado. Es más, es la primera experiencia del niño del amor divino.

En el Arte Sagrado vemos a veces en paralelo las imágenes de Jesús crucificado y María amamantando
al infante Jesús en su pecho: el sacrificio personal de María anticipando el de Jesús, el sacrificio personal
de Jesús haciéndo el de ella posible. Pablo muestra una imagen similar en los Tesalonicenses, “nos hicimos pequeños entre ustedes, imitando a la madre que juega con su criatura.” En esta hermosa imagen de María él nos enseña que el Evangelio entra en el mundo, no como simples palabras, sino como un regalo de su persona y su presencia, en cuerpo y sangre.

Así es para todo nosotros los que buscamos llevar el Evangelio a otros, como madre amorosa, padre
compasivo y amigo fiel. ¡La palabra se debe hacer carne!

martes, 8 de febrero de 2011

La culpa

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Imagen: arandapolitica.blogspot.com
(2a. Carta a los Tesalonicenses 3:3)“El Señor es fiel: a ustedes los fortalecerá y preservará del Maligno.”

En la niñez las pesadillas toman forma de mounstros cazándonos. En la edad adulta las imágenes cambian por otras más sofisticadas que reflejan cosas como el miedo de volar o ansiedad acerca de la relación que tenemos con nuestro padre o nuestro jefe.

Es divertido como Dios nos enseña lo que es la maldad. Cuando somos niños, nos hace percibir mounstros que nos atrapan. Cuando somos adultos creemos que hemos superado estos temores, ciegos a la identidad del monstruo y llenos de culpas por cómo hemos sido enrredados con sus trucos. Y es aquí cuando quedamos atrapados: nos entrenamos para acostumbrarnos al descontento y enajenación del mal, desde que el truco del pecado no es el Diablo mismo así como el odio o desinterés que engendra, el sentido de que no somos hijos del Padre y que no podemos darle la cara. Así construímos nuestras vidas y nuestras culturas, en torno al dolor de la pérdida de identidad.

La poeta Anne Bradstreet, en el poema Al quemar nuestra casa, cuenta en verso como el fuego destruyó su casa en 1666. Debió ser algo que ella merecía por haber puesto tanta importancia a las cosas materiales, como si necesitara un tipo de auto-recriminación para complacer a Dios. Pero, eso nunca es el caso.

Cristo nos protege del Mal ofreciéndonos su libertad, que siempre abre la puerta a la atracción de su amor. Todo lo que Cristo nos pide es nuestro arrepentimiento, es decir, el ser capaces de reconocer que hemos ido en contra de nosotros mismos y de la realidad. Es por eso que necesitámos una acción concreta. Esa acción es la confesión, siendo que la buena nueva de nuestra salvación es que Cristo mismo nunca nos culpa. El no se queja de nosotros, sino que muestra misericordia en todo momento - algo que ninguna cultura humana antes de la llamada de Abraham, nuestro padre en la fe, aún había oído. 

jueves, 6 de enero de 2011

La persecución

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Fuente: ACI Prensa
“Procura ser religioso y justo. Vive con fe y amor, constancia y bondad”
(1a. Carta a Timoteo 6:11)

San Pablo no nos pide estudiar que es la justicia, la devoción, la fe, el amor, la paciencia y la bondad, o pensar en ellos o rezar para poseerlos. El nos pide perseguirlos, es decir, ir detrás de ellos para poseerlos. ¿Por qué? Porque son muy difíciles de alcanzar.

Algunas veces la traducción de las palabras originales que están en griego o latín no comunican su peso en una traducción española.

Ser justo, a veces se traduce como ser rectos, pero de hecho se refiere al juicio y la justicia de Dios.

Ser religioso no se refiere a una devoción ordinaria. Las personas pueden hacerse devotas a cosas que no valen su respeto. Más bien se refiere a la devoción al bien, la cual se identifica con Dios. Por ejemplo nuestra devoción a los santos debería llevarnos a encontrar a Dios que es la bondad en sí misma.

La fe en el Nuevo Testamento siempre se refiere a una confianza total en Dios y a ser leal a El.

El amor al que se refiere San Pablo acá no es el eros (el deseo sexual), o filantropía (el amor por el servicio caritativo a otros o la amistad creada por un amor puramente humano). El amor más bien es imitar a nuestro Señor quien se entregó por completo a nosotros.

La constancia se ve a veces como resistencia. Esto no es la paciencia humana ni una resistencia natural. Más bien es el poder de esperar pacientemente y soportar la presencia de la tentación, porque sabemos que Dios es fiel y no nos abandona porque somos tentados.

La mansedumbre es a veces confundida con la bondad. Desafortunadamente en el español estas dos palabras denotan debilidad, pero no hay nada de débil en lo que Jesús dice de sí mismo: “Yo soy manso y humilde de corazón.”  Más bien, estamos llamados a perseguir la actitud del mártir que se para delante de sus acusadores y encara la muerte con absoluta serenidad. El sabe que todo está en las manos de Dios. Debido a su mansedumbre, el mártir tiene un poder que aquellos que usan la fuerza no pueden vencer.

No estamos llamados a tener un poco más de paciencia, a tener un poco más de amor, a tener un poco más piadad; al contrario, estamos llamados a ser reflejos de Cristo. Debido a que ninguno de nosotros podemos imitarlo perfectamente, siempre vamos a tener que estar buscando esa perfecta imitación.

martes, 19 de octubre de 2010

Imita al buen samaritano

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¿Qué es lo que motiva a un voluntario dedicar su vida a los demás ?


Primero que todo, el movimiento del corazón que inspira a todos los seres humanos a ayudar a su prójimo es la ley de la existencia. Un voluntario experimenta una alegría que va más allá de lo que él ha hecho cuando él logra entregarse libremente a los demás.

Cuando aparecen situaciones complicadas o de sufrimiento, se manifiestan las características ocultas de dedicación, bondad y heroismo que habitan en el corazón de los humanos.

Continúa  tu camino con valor, no dejes nunca que las dificultades te detengan. Puede ser Cristo, el Buen Samaritano, el modelo sublime a imitar por cada uno de los voluntarios.

Imita a María, quién por ir de prisa para asistir a su prima Isabel, se convirtió en mensajera de alegría y salvación. Ella puede enseñarnos la humildad, concreta caridad y como obtener del Señor la gracia para reconocerLo en el pobre y en el que sufre.

Queridos hermanos y hermanas, los que conforman este Ejército de Paz que se esparce por toda la faz de la tierra, son una señal de esperanza en nuestros tiempos. ¡Que Dios regale su bendición a Uds. y a todos los que se encuentren todos los días sobre el camino de servicio a las personas!


jueves, 5 de agosto de 2010

Viendo la luz

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San Juan Damasco  (676-749). Se conoce a San Juan Damasco como el doctor del arte cristiano y el doctor de la Ascensión de María. Su amor por la belleza y el arte sacó a muchas personas de la melancolía y la oscuridad a la luz de la gracia. Su pensamiento religioso hacia la Virgen María donde la enfatizaba fuertemente como portadora de Dios, lo llevó a él y a la Iglesia a creer firmemente en la Ascensión de María.
Como los 2 hombres ciegos del Evangelio (Mateo 9: 27-31), muchos de nosotros tenemos un tipo de ceguera por la cual no podemos ver y apreciar los diferentes símbolos que sirven como puente sobre el abismo entre lo divino y lo humano. El amor y defensa de imágenes santas es un ejemplo de alguien que ha pasado por este puente. Muchos de nosotros en la Iglesia occidental, sin conocer la tradición rica de la ciencia y el arte de las imágenes sagradas del oriente; ignoramos completamente la belleza única que nace de esa tradición. Nosotros deberíamos gritar: “Señor, ten misericordia de nosotros, porque nosotros no somos capaces de ver el valor interno de tanta arte.”  

Una señal básica de la fe cristiana es nuestro principio sacramental. La vida y la gracia de Dios llegan por medio de signos y eventos. Sacra mentalidad significa que nosotros tenemos acceso a la luz de Dios por medio de palabras, símbolos, himnos, pinturas, etc.  Si tenemos ojos de fe, estaríamos absorbidos por la presencia de Dios. San Juan Damasco mantuvo firmemente éste principio a pesar de mucha oposición, especialmente de la autoridad política.

El arte cristiano tiene varios fines. Uno es sacarnos de nosotros mismos metiéndonos a un mundo más grande. Imágenes sagradas, contempladas en la oración, nos llevan a un santo olvido de nosotros mismos.  El arte abre para nosotros lo que está escondido y nos abre a ver estas verdades. El arte también nos transforma a través de su belleza, sin  buena arte el espíritu se arruga.

El profeta Isaías y San Lucas eran artistas. Ellos pintaron para nosotros con palabras la acción de gracia.  Si tenemos fe, tal vez Dios nos quitará nuestra ceguera y nos bendecirá para ver la gloria divina.
¿Cuál es tu obra de arte favorita?

martes, 29 de junio de 2010

Lo bueno en vos

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“ Ojalá esa fe se vea en las obras y manifieste todo lo bueno que tenemos en Cristo”
(Filemón 1:6)

Las cosas viajan fácilmente en la cinta transportadora. Siete cosas en la línea para “12 elementos o menos”. El cajero los escaneó rápidamente, mientras yo los ponía en una bolsa. Ella estaba confundida y me dijo el total de la cuenta. Claramente las cosas eran pequeñas y no eran caras, pero el total de la cuenta era cercano a los 100 dólares. Miramos en la caja registradora. Un emparedado costaba casi 50 dólares. Y continuaba marcando con ese precio, por lo que finalmente la cajera decidió llamar al administrador. Miré a la cajera y bromeé: “ Ese debe ser un emparedado muy rico”. Ella hizo un guiño y me respondió: “ Yo lo he comido, y creeme, no es tan rico”.

Es difícil saber a veces lo que es realmente bueno, lo que es realmente importante o lo que realmente importa. Nuestros supermercados están llenos de productos, y nuestros televisores muestran cientos de canales. A nuestro alrededor hay gente que parece más inteligente que nosotros, más espiritual o más bonita. En medio de todo eso nos podemos sentir insignificantes o pensamos que no somos importantes.

Es Jesús quien dice que tu vida importa. Es fácil enfocarse en el éxito de otros y en nuestras propias fallas. Jesús ve el talento que hay en cada uno de nosotros. El quiere que usemos ese talento para guiar a otras personas hacia El. La clave de la espiritualidad es entender que hay algo en ti que es único y forma parte del plan de Dios.
Sí, hay gente que es más santa y más espiritual que nosotros. Pero tú no eres un actor insignificante en la historia de la fe. En tu vida - tus relaciones, las situaciones que encuentras día a día - tienes las oportunidad de guiar a alguien en el camino de Cristo. Puede ser una palabra, un gesto o alguna decisión. Tú puedes insistir en que alguien lo puede hacer major que tú, pero Jesús quiere que tú seas esa persona, porque El cree que tú eres así de bueno.

martes, 22 de junio de 2010

Un llamado urgente

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“ Aunque yo tengo todo el derecho en Cristo para ordernarles que hagan lo que es adecuado, se los pido en nombre del amor, siendo yo, Pablo, un hombre viejo, y ahora un prisionero por Cristo Jesús”.
(Filemón 1:8-9)

Recuerdo la primera vez que sucedió. Llamé a la casa de una familia que había experimentado una muerte aproximadamente un mes antes. El teléfono sonó muchas veces y después el sonido típico de la máquina contestadora. La voz fue lo que me sorprendió. Era la voz de la persona que había muerto semanas antes: “ En este momento no podemos contester el teléfono, pero si déjà un mensaje y la hora que nos llamó, le llamaremos de vuelta. Tenga un buen día”. Fue sorprendente y reconfortante al mismo tiempo. No dejé mensaje.

Las voz de San Pablo sorprendía y reconfortaba a las primeras Iglesias cristianas. Algunos lo conocieron, algunos solamente escucharon su voz a través de sus cartas o sus compañeros. Aún en su hora más oscura, él levantó la voz en gratitud por la cercanía con Jesús. Muchos después que él murió, hasta el día de hoy, es su voz la que nos urge, por amor, a vivir por Cristo.

Una vida de fe nunca es vivida en soledad. Necesitamos el soporte y la guía de aquellos que están haciendo el viaje de la fe. Necesitamos la voz de la comunidad para que nos desafíe.  Necesitamos la voz de la comunidad para que nos reconforte y nos sostenga. Necesitamos la voz de la comunidad para que nos diga que todo lo que debemos hacer lo deberíamos hacer por amor. Como parte de esa comunidad nos damos cuenta que hay poder en nuestra voz. Podemos aprisionar a otros con nuestras palabras de pena y crítica. Podemos liberarlos con nuestras palabras de amor y paz.

Y después, están las otras voces; las que se han ido a la casa del Señor. El tío que iba a misa todos los días. El vecino que estaba constantemente pendiente de los demás. La abuela que rezaba por nosotros incluso en los tiempos más difíciles. Todavía podemos oír aquellas voces que nos llamaban al amor de Dios.


viernes, 4 de junio de 2010

Vive con integridad

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Se puede definer la integridad como la honestidad personal.

Las personas íntegras viven bajo un código de valores. Ellas son veraces con ellas mismas y con los demás.  Sin embargo, el mundo ofrece muchas tentaciones para que las personas comprometan su integridad en favor de la ganancia personal y el lucro. Estas tentaciones pueden llegar a cualquiera.

Hay muchos beneficios por ser completamente honesto. Verás el mundo de una manera completamente nueva. Tus relaciones se basarán en la confianza en vez de la sospecha. Serás un excelente ejemplo para tus hijos y amigos. Cuando tengas éxito, los elogios que recibas se sentirán aún mejor, porque seguiste tus principios y tus valores.

La honestidad personal no es popular hoy en día; pero,  si luchas por ser honesto en todos tus asuntos, vas a estar en paz contigo mismo, con los demás y con Dios. ¡Vas a vivir con integridad!

miércoles, 30 de diciembre de 2009

La ley y el amor

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Porque mientras que la ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad llegaron por Jesucristo. (Juan 1-17)


Para los que son indisciplinados y tienen necesidad de una dirección constante, las leyes son un gran beneficio. Los que viven en la justicia y cumplen sus responsabilidades,  la llamada a amar es una gracia sin precio. En las etapas diferentes en nuestra peregrinación humana, necesitamos ambas bendiciones: las  leyes en los días de nuestra juventud intranquila; y el amor en las etapas de la madurez.


Moisés es símbolo de la ley. Bajó de la montaña con sus santas tablas de piedra donde fueron labradas los principios que protegen y promueven las relaciones con Dios, con otros, y con nosotros mismos.

Los mandamientos son normas que nos llevan a la libertad auténtica. Mantienen el rio en su límite y previene la inundación destructiva de energía humana que puede causarnos daño a nosotros,  a nuestra relación con Dios y con otras personas.

Jesús atesoró los escritos de las escrituras hebreas y conoció bien la Ley de Moisés. Edificando sobre esta base, nuestro Señor nos llamó a una vida de amor con sacrificio, a darse  uno mismo imitándolo a él. El amor no solamente cumple con la ley,  va mas  allá de ella porque trae la felicidad y la paz que solamente el amor duradero puede alcanzar.

Moisés  entendió bien  la centralidad del amor. En su experiencia del arbusto ardiente, Moisés  tuvo un encuentro con Dios  quien es amor. Esa revelación dio forma y cambió para siempre el corazón de Moisés. En lo profundo de su ser  supo que la santidad es algo más que mantener la ley; la santidad implica el llegar a ser una persona amable.

La enseñanza de Jesús sobre el amor no era ni romántica ni sentimental. El amor que él enseñó incorporó la ley de la Cruz. Cualquiera que lo siga sobre su senda de amor, tendría que aceptar la ley de cargar su cruz cotidianamente. Por eso el ser discípulo implica que uno abraza la ley y el amor.


Santa Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia, escribió en su autobiografía: La historia de un alma: ”oh ¡Cómo amo este Nuevo mandamiento siendo que me da la seguridad que tu divina voluntad es amar en mí a todos los que tú me ordenas amar!”

martes, 30 de junio de 2009

¿Cómo podemos cumplir con los mandamientos de amar a Dios y al prójimo?

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Acerca del amor a Dios, en la Ultima Cena Jesús dice a sus discípulos, “Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos”

(Juan 14:15), y, “Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Juan 15:9-10).

Tocante el amor al prójimo, en la Ultima Cena Jesús dice a sus discípulos, “Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. No hay amor mas grande que dar la vida por sus amigos” (Juan 15:12-13).

Jesús es el ejemplo viviente de lo que significa el amar a Dios y al prójimo.

Jesús practica lo que predica cuando muestra su compasión a los que están sufriendo y a los están tristes, cuando perdona a los pecadores---aun a los que lo clavaron al madero. Veremos su amor a Dios en su fidelidad en seguir la voluntad del Padre. El manifiesta ese amor suyo en dar su propia vida por la salvación del mundo.

En las parábolas Jesús explica el significado del amor al prójimo, particularmente en la parábola del Buen Samaritano en el décimo capitulo de Lucas y en la parábola del Hijo Prodigo en el décimo-quinto capitulo del mismo evangelio.

Jesús también explica el sentido del amor en su descripción del Ultimo Juicio en Mateo 25:31-46. Dice a sus discípulos que cuando dan de comer a los hambrientos, dan de beber a los sedientos, visten con ropa al vestido en trapos, visitan al enfermo y a los encarcelados, ellos hacen estas cosas a El y encontraran las puertas del cielo abiertas para ellos. Cuando no asistan al hambriento, al que está sin ropa, al enfermo y al encarcelado, ellos no muestran amor a El y serán condenados por su falta de amor.

Para entender mejor lo que significa el amor, uno puede leer la descripción de la manera en la cual la primera comunidad cristiana de Jerusalén vivía en los Hechos de los Apóstoles (4:32-37). También podemos reflexionar profundamente sobre lo que San Juan escribe en su primera carta (1 Juan 3:32-37) acerca de la prueba del amor. Finalmente, cuando San Santiago escribe que se debe tratar al pobre y al mal vestido como uno trata a los ricos y bien vestidos, y de la necesidad de hacer buenas obras en el contexto de la fe, nosotros podemos sustituir la palabra ‘amor’. Sus palabras se encuentran en su carta (Santiago 2:15-17).

martes, 16 de junio de 2009

Cuidar el corazón sirve para amar

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Cuidar el corazón es una aventura apasionante y que vale la pena ser vivida a full, sin ninguna clase de regateos. La reflexión pertenece a la licenciada Florencia Beltrán (ACI Prensa)

Según la Real Academia Española, el corazón es un “órgano de naturaleza muscular, común a todos los vertebrados y a muchos invertebrados, que actúa como impulsor de la sangre y que en el hombre está situado en la cavidad torácica”.

Pero no lo podemos circunscribir bajo la sola perspectiva de un simple órgano, puesto que la piedra angular radica en que por medio de él podemos amar tanto a Dios, como a nuestros padres, a nuestro esposo/a o a nuestro novio/a, a nuestros amigos, etc. Con un mismo corazón sin compartimentos amamos, nos entregamos por completo sin reserva alguna, como también, aceptamos al otro.

Pero este corazón para poder amar de verdad, entregarse y aceptar al otro, teniendo en cuenta su dignidad humana, necesita ser cuidado como el mayor tesoro que tenemos en nuestras manos y por lo cual, no lo podemos malgastar, desperdiciar, quitar el valor que realmente tiene, dejar que no lo respeten como lo que realmente es.

El cuidar el corazón es todo un reto, un desafío, y por tanto, no implica algo fácil, pero sí algo que vale la pena, algo por el cual jugarse y luchar en serio aunque cueste, puesto que el premio es mucho más que la copa que se entrega en los campeonatos mundiales de fútbol. El premio del que hablamos no es algo externo, sino que éste involucra a toda la persona, y en pocas palabras, encierra nada menos que su felicidad.

¿Cómo cuidar el corazóno?

Quizás lo primero que tenemos que tener en cuenta, es no olvidar que es un tesoro que Dios nos dio para amar y por tanto, si no le damos el uso para el cual fue creado esto puede conducir a la falta de sentido de la vida, al desamor, a la angustia, a la depresión, etc.

Asimismo, es conveniente no andar en la vida caminando por la cuerda floja, es decir, es fundamental evitar, tomar distancia de las situaciones que nos conduzcan a descuidar el valor tan preciado. De acuerdo a ello, podemos citar el cuidar la vista cuando vamos por la calle, el mirar televisión y revistas, ya que todo ésto favorece a que se evite una avalancha de imágenes que a la larga las vamos aceptando como buenas, normales, en pocas palabras, vamos perdiendo sensibilidad a las cosas tal como sucede con la violencia que vemos a diario en la televisión.

Aquí, al considerar el porqué no tenerlas podemos resaltar que en estas circunstancias puede primar el placer sexual, la curiosidad, el “feeling” momentáneo, la atracción física, entre otras cosas, y por tanto, puede convertirse en un mero ejercicio físico entre animalitos que no supera el plano individual y por tanto, no conduce a una verdadera entrega y mutua unión. A su vez, las relaciones prematrimoniales no promueven a que se profundice en el conocimiento de la persona en sí misma, en unas palabras, a que los novios conozcan la riqueza incalculable e irrepetible que encierra toda la persona, aquello que la hace singular, diferente, única y por tanto, lo que no pasa con el tiempo, sino lo que permanece a través de los años.

Es de persona madura, audaz y fuerte ir contra corriente, contra los propios impulsos y deseos, al enfrentarse a la persona a quien se quiere y decirle que se prefiere esperar hasta contraer matrimonio puesto que ésto los va a ayudar a ambos a conocerse mejor a sí mismos, y por tanto, a saber a quien se está entregando para toda la vida en el momento del consentimiento matrimonial.

Como todos somos de carne y hueso, y tenemos los pies de barro podemos meter la pata hasta el fondo, no obstante, siempre tenemos la oportunidad de levantarnos, teniendo en cuenta que Dios nos quiere tanto y por ello podemos acercarnos a Él una y otra vez por medio de la confesión y de esta forma volver a empezar.

Esto no significa que si se lleva a cabo un muy buen noviazgo se tiene ya asegurado de antemano el matrimonio y la familia, puesto que ambos, al igual que los mencionados patrimonios históricos, se construyen ladrillo a ladrillo, y se pueden cometer errores en la construcción, incluso muy graves, pero siempre se está a tiempo de volver a empezar y comenzar así la reconstrucción.

Además, uno al verlas luego de haber transcurrido cierto tiempo desde su construcción, puede pasar inadvertido todos los avatares que pasaron los arquitectos en su labor, lo mismo sucede con el noviazgo, el matrimonio y la familia, pero con la gran diferencia de que en éste caso es nada menos que la persona la que está involucrada por entero.

martes, 2 de junio de 2009

¿Cómo podemos amar libremente a Dios cuando se nos manda hacerlo?

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Preguntarnos por qué nos ordenan amar a Dios es como preguntar a Isaac  Newton por qué proclamó la ley de la gravedad.  

      Existe la ley de la gravedad porque es parte de la naturaleza de nuestro universo y de la creación. Si Newton nunca hubiera descubierto y proclamado la ley de la gravedad, todavía sería cierto que existe una atracción entre la tierra y los cuerpos cerca su superficie. Es así que Dios ha hecho las cosas. 

      Que Jesús o el escritor del libro del Deuteronomio aun que hayan proclamado o no que tenemos que amar a Dios y a nuestro prójimo, queda cierto que existimos para amar a Dios y los unos a los otros.

      En los catecismos viejos se preguntaba, “¿Por qué me creó Dios?” La respuesta era, “Dios me creó para conocerlo, amarlo, servirlo, y para estar feliz con El en el cielo.”

      Nosotros solo podemos alcanzar la felicidad si realizamos nuestro fin en la vida, si alcanzamos el objetivo por el cual fuimos creados. Estamos creados para amar y glorificar a Dios. Solamente por la unión con Dios en el amor podremos alcanzar la felicidad y realizarnos por completo. Al alejarnos de Dios con el pecado, al despreciar o al faltar el amor nos lleva a estar emocionalmente hechos pedazos. Dios es Amor: estar separado de Dios es agonía. 

      Debemos pensar de los dos gran mandamientos---de hecho, de todos los mandamientos---no tanto como leyes en el sentido legal sino como declaraciones de principios o líneas-guías. Así, para estar feliz y entrar en el júbilo del reino de Dios, tenemos que amar a Dios y a las otras personas. Para ser fiel al fin por el cual fuimos creados y obrar en la manera por la cual fuimos hechos, tenemos que vivir y actuar en el amor a Dios y los unos a los otros. 

      El hecho de que Dios proclama estas leyes nos facilita entender quienes somos, por qué estamos aquí y cómo debemos vivir para alcanzar la felicidad eterna. Es el modo de declarar sencillamente lo que ya uno percibe cuando dice, “Me parece que una persona sentiría por naturaleza la atracción hacia Dios.” Así es. Es una verdad: nosotros tenemos la capacidad de resistirnos, de dar la espalda a Dios, y eso solo puede significar que al final nos espera el dolor, la agonía y la soledad.                  

miércoles, 20 de mayo de 2009

¿Realmente podemos llegar a ser plenamente humanos como Dios desea?

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Ello requiere que respondamos positivamente a la llamada moral de amar a otros y cultivar las virtudes. Existen seis capacidades que nos permiten llegar a ser todo lo que Dios desea de nosotros.  

Se puede decir que existen personas que tienen un buen carácter moral o que están desarrollando tal carácter. Estas son las personas plenamente humanas. Son las personas que han realizado todo lo que pueden para ser plenamente seres humanos morales. Tal vez tenemos una dificultad cuando hablamos de ser ‘plenamente humanos’. Ser ‘plenamente humano’ fue lo que buscaba Pinocho cuando buscaba ser en la realidad un verdadero niño.  

Podemos decir que Clara Barton quien fundó la Cruz Roja era mucho más humana que Adolfo Hitler quien mató a 6,000,000 de judíos y tal vez hasta 400,000 personas acusadas de ser homosexuales. 

Nos damos cuenta que a veces describimos a las personas cuyo carácter no nos parece bueno como personas inhumanas o aún monstruosas. Tocante a las personas que juzgamos buenas nos referimos a ellas como muy humanas, indicando así que han desarrollado su potencial para ser plenamente humanas. 

      En este sentido podemos decir el ser humano para alcanzar a ser una persona moral, virtuosa significa darnos la tarea de llegar a ser genuinamente humanos. Todo lo que he escrito hasta ahorita no significa que las personas de mal carácter han perdido el derecho de ser tratadas como personas con derechos y pretensiones morales. 

El hecho esencial es que tenemos que trabajar para que seamos más y más humanos. Cuando alcanzamos este objetivo debemos seguir nutriéndolo y desarrollándolo. 

      Para ser PLENAMENTE HUMANO o BUENO  requiere que respondamos positivamente a la llamada moral de amar a otros y cultivar las virtudes. Nosotros tenemos seis capacidades que nos permiten llegar a ser todo lo que Dios desea de nosotros. Tenemos que manejar estas capacidades bien. 

Nosotros los seres humanos tenemos la capacidad de ser libres.  Tenemos la libertad de elegir lo que haremos y lo que no haremos; la libertad de cambiar; la libertad de ser una buena persona. 

Tenemos la capacidad de ser inteligentes, es decir, de usar bien nuestra inteligencia, poniéndola al servicio de la bondad. Tenemos la capacidad de ser responsables. La persona responsable es aquella que reconoce lo que dice, hace u omite. Implica la ‘integridad’. Es decir, la capacidad de vivir según una visión coherente que nos permite hacer lo que hemos prometido y ser la persona que decimos ser. 

Nosotros también tenemos la capacidad de abrirnos (desarrollarnos, crecer) por medio de las varias etapas y crisis de nuestra vida. Para abrirnos tenemos que tomar riesgos más y más grandes y enfrentar desafíos más y más profundos. Tenemos también la capacidad de ser sociales. Podemos amar la soledad pero necesitamos una comunidad para descubrir y llegar a realizar nuestro potencial como personas. Finalmente, tenemos la capacidad de ser espirituales. Llega el momento cuando no estamos satisfechos con lo que tenemos o hemos realizado. Buscamos respuestas a las preguntas fundamentales de la vida. San Agustín dice que en estos momentos tenemos “un hambre santo”, que estamos buscando el camino que nos lleve a unirnos con Dios. 

Los teólogos cristianos mayormente dicen que esta capacidad para vivir una vida espiritual está enriquecida principalmente por las prácticas de las virtudes y especialmente el amor. Con la buena práctica de estas seis capacidades alcanzamos nuestra plenitud como seres humanos.  

miércoles, 24 de septiembre de 2008

El amor no puede descansar

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de Adolph Menéndez

En su primera carta a los Tesalonicenses San Pablo escribe, “Que el Señor los haga crecer más y más en el amor que se tienen unos a otros y en el amor para con todos, imitando el amor que sentimos por ustedes. Que él los fortalezca interiormente para que sean santos e irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el día que venga Jesús, nuestro Señor, con todos sus santos.” (1Tes 3:12-13).

Reflexionando sobre lo dicho por San Pablo la señora Lisa Lickona en Rezando con San Pablo , un libro escrito en inglés, relata lo siguiente: “Ya estaba en el noveno mes de mi primer embarazo. 

Era Viernes Santo de 1994. Mientras seguía las estaciones de la Vía Crucis, que me pedía una y otra vez levantar mi cuerpo pesado para después arrodillarme de nuevo, de repente me golpeo como agua fría las palabras del salmista: ‘ Por Tus llagas nosotros hemos sido sanados’.  

Las llagas acerca de las cuales el autor del libro de los Salmos proféticamente habla son las sangrientas cortadas que cubrieron el cuerpo de Jesús cuando fue flagelado. Pero, continúa Lisa, preocupada con mi propio cuerpo, yo pensaba en las odiosas estrías que habian aparecido en mi barriga. 

"Como toda mujer yo había rezado para que no dieran cara. Pero, mi piel no había tenido la elasticidad requerida. Las estrías aparecieron y yo no era feliz. Pero en ese momento, cuando el Señor me permitió comparar Su sufrimiento infinito con mi sacrificio pequeño, vi lo que ser madre realmente es: ¡permitirme a mi misma ser más de lo que pensaba ser, aun más de lo que deseaba ser!" 

Con simplicidad San Pablo nos dio esta receta para alcanzar la santidad: “Que el Señor los haga crecer más y más en el amor que se tienen unos a otros y en el amor para con todos…” – porque el amor, si es verdadero, no puede descansar. Tiene que crecer y siempre abarcar más. 

Además, si nuestro amor va a crecer, las partes de nosotros mismos que más estimamos tienen que encogerse. Esto ocurre casi automáticamente cuando se está desarrollando un bebe en el seno de su madre --- ¡el bebé ocupa más y más espacio y los pulmones y estómago de su madre tienen menos espacio! 

Voluntariamente tenemos que dejar atrás todos nuestros pequeños hábitos egoístas que son las preocupaciones que atesoramos. Sabemos en secreto que estas preocupaciones  nos separan de las personas que amamos. Tenemos que ser más de lo que habíamos pensado que podríamos llegar a ser.

Blogumulus by Roy Tanck and Amanda Fazani

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