jueves, 5 de agosto de 2010
Viendo la luz
Como los 2 hombres ciegos del Evangelio (Mateo 9: 27-31), muchos de nosotros tenemos un tipo de ceguera por la cual no podemos ver y apreciar los diferentes símbolos que sirven como puente sobre el abismo entre lo divino y lo humano. El amor y defensa de imágenes santas es un ejemplo de alguien que ha pasado por este puente. Muchos de nosotros en la Iglesia occidental, sin conocer la tradición rica de la ciencia y el arte de las imágenes sagradas del oriente; ignoramos completamente la belleza única que nace de esa tradición. Nosotros deberíamos gritar: “Señor, ten misericordia de nosotros, porque nosotros no somos capaces de ver el valor interno de tanta arte.”
Una señal básica de la fe cristiana es nuestro principio sacramental. La vida y la gracia de Dios llegan por medio de signos y eventos. Sacra mentalidad significa que nosotros tenemos acceso a la luz de Dios por medio de palabras, símbolos, himnos, pinturas, etc. Si tenemos ojos de fe, estaríamos absorbidos por la presencia de Dios. San Juan Damasco mantuvo firmemente éste principio a pesar de mucha oposición, especialmente de la autoridad política.
El arte cristiano tiene varios fines. Uno es sacarnos de nosotros mismos metiéndonos a un mundo más grande. Imágenes sagradas, contempladas en la oración, nos llevan a un santo olvido de nosotros mismos. El arte abre para nosotros lo que está escondido y nos abre a ver estas verdades. El arte también nos transforma a través de su belleza, sin buena arte el espíritu se arruga.
El profeta Isaías y San Lucas eran artistas. Ellos pintaron para nosotros con palabras la acción de gracia. Si tenemos fe, tal vez Dios nos quitará nuestra ceguera y nos bendecirá para ver la gloria divina.
¿Cuál es tu obra de arte favorita?
miércoles, 28 de julio de 2010
El choque de la corrección
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| Imagen: Desdecuba.com |
“Tú enseña estas cosas, aconsejando y reprendiendo con toda autoridad. No dejes que nadie te menosprecie ” (Carta a Tito 2:15)
Ojalá que este mandato directo de Pablo a Tito hubiera sido tallado en piedra sobre la entrada de nuestro tercer milenio. No hay espacio para equivocarse con las palabras de Pablo. Tito debe mantener las líneas de comunicación entre él y sus sacerdotes, diaconos y las santas mujeres que sirven las Iglesias que él fundó. No debe haber equivocación y no debe apartarse de sus deberes de exhortación y corrección.
Pablo nunca escatima palabras en sus prédicas o en sus cartas. Así había sido con Cristo y así es con Pablo; siempre es “sí” o “no”. Ahora Tito debe seguir su ejemplo.
La exhortación y corrección, concebidos como deberes, han perdido el prestigio en nuestro tiempo. Su valor se ha deteriorado notablemente. Por todas nuestras preocupaciones y por ser políticamente correcto, ¿quién honestamente quiere ser corregido?
La corrección es cada vez más escasa y cuando aparece viene como un choque.
Se ha vuelto aún más raro que cuando se debe hacer, una persona con una posición de autoridad alta y bien evaluada corrija con valentía. Hemos sido testigos de desastrosas consecuencias de este tipo de situaciones en la Iglesia hoy en día, y hemos llorado por la terrible pérdida de almas. Además, este patrón es seguido con resultados desastrosos en la vida de las familias por todo el mundo.
¿Hay alguna cosa que yo como individuo pueda hacer para contrarrestar la inercia universal de ser correcto sin ser corregido? ¿Que parte juega la corrección en mi vida, en mi actitud conmigo mismo y con otros? ¿Tengo el coraje para aceptar la sugerencia de un amigo que indica que quizá mi vida no está yendo en la dirección correcta? ¿Tengo ganas de cambiar el curso? ¿Estoy dispuesto ha hacer ese cambio que me va a costar más que cualquier otro?
Cuando veo en mis hijos, mis amigos o mis compañeros de trabajo tendencias que los están extraviando levemente, ¿les digo y les ayudo a redireccionar sus energías antes que sea demasiado tarde? ¿Los amo con tal profundidad?
martes, 20 de julio de 2010
Lo bueno en vos
“ Ojalá esa fe se vea en las obras y manifieste todo lo bueno que tenemos en Cristo”
(Filemón 1:6)
Las cosas viajan fácilmente en la cinta transportadora. Siete cosas en la línea para “12 elementos o menos”. El cajero los escaneó rápidamente, mientras yo los ponía en una bolsa. Ella estaba confundida y me dijo el total de la cuenta. Claramente las cosas eran pequeñas y no eran caras, pero el total de la cuenta era cercano a los 100 dólares. Miramos en la caja registradora. Un emparedado costaba casi 50 dólares. Y continuaba marcando con ese precio, por lo que finalmente la cajera decidió llamar al administrador. Miré a la cajera y bromeé: “ Ese debe ser un emparedado muy rico”. Ella hizo un guiño y me respondió: “ Yo lo he comido, y creeme, no es tan rico”.
Es difícil saber a veces lo que es realmente bueno, lo que es realmente importante o lo que realmente importa. Nuestros supermercados están llenos de productos, y nuestros televisores muestran cientos de canales. A nuestro alrededor hay gente que parece más inteligente que nosotros, más espiritual o más bonita. En medio de todo eso nos podemos sentir insignificantes o pensamos que no somos importantes.
Es Jesús quien dice que tu vida importa. Es fácil enfocarse en el éxito de otros y en nuestras propias fallas. Jesús ve el talento que hay en cada uno de nosotros. El quiere que usemos ese talento para guiar a otras personas hacia El. La clave de la espiritualidad es entender que hay algo en ti que es único y forma parte del plan de Dios.
Sí, hay gente que es más santa y más espiritual que nosotros. Pero tú no eres un actor insignificante en la historia de la fe. En tu vida - tus relaciones, las situaciones que encuentras día a día - tienes las oportunidad de guiar a alguien en el camino de Cristo. Puede ser una palabra, un gesto o alguna decisión. Tú puedes insistir en que alguien lo puede hacer major que tú, pero Jesús quiere que tú seas esa persona, porque El cree que tú eres así de bueno.
jueves, 8 de julio de 2010
Una persona, Dos personas
Contrastar a Cristo con Adán es una fuente rica de reflexiones cristianas. San Pablo introduce el tema y San Irineo de Lyons, uno de los padres de la Iglesia del Siglo II la desarrolló.
Se desarrolló todavía más el tema durante la Edad Media en Arte y Música. San Pablo nombra a Cristo el Ultimo Adán, el hombre final y perfecto en contraste con el primer Adán. San Irineo escribió acerca de Cristo en términos de recapitulación que no significa “resumir” sino “iniciando de nuevo”.
Adán inició todo y se equivocó; Cristo lo inicio de nuevo y no se equivocó, como los escritores cristianos desarrollan el tema; ellos ven más puntos de comparación así como el pecado entró en el mundo a través del árbol en el jardín del Edén, así la redención entró en el mundo a través del árbol de la cruz.
Así como la primera mujer Eva fue sacada de la costilla de Adán cuando dormía, así la Iglesia nació del lado de la costilla de Cristo muerto. La desobediencia de Adán resultó en un fracaso; la obediencia de Cristo resultó en la victoria. Así como San Irineo creyó, la Virgen Eva llegó a ser la causa de la muerte por su pecado; la Virgen María es la causa de salvación por su SI: “hágase su voluntad en mi”.
Eva escuchó a una serpiente; María escuchó a un ángel. Aun hay una tradición medieval que dice que el Gólgota fue el sitio del sepulcro de Adán. A veces, representaciones de la Crucifixión muestran una calavera al pie de la cruz: esa calavera no es cualquier calavera, sino la calavera de Adán.
Por el maravilloso sentido medieval de armonía la caída original en el pecado y la redención están unidas en un mismo lugar. Así San Pablo nos invita a contemplar el gran drama cósmico de nuestra redención comparando a 2 personas, Adán y Cristo, y viendo toda la historia de la raza humana resumida en ellos 2, el primer Adán y el Ultimo Adán. Es esto lo que San Pablo señala cuando escribe: “Así fue la caída, pero el don de Dios no tiene comparación. Pues si todos mueren por la falta de uno sólo, la gracia de Dios se multiplica más todavía cuando este don gratuito pasa de un solo hombre, Jesucristo, a toda una muchedumbre”. (Romanos 5: 15)
martes, 29 de junio de 2010
Lo bueno en vos
(Filemón 1:6)
Las cosas viajan fácilmente en la cinta transportadora. Siete cosas en la línea para “12 elementos o menos”. El cajero los escaneó rápidamente, mientras yo los ponía en una bolsa. Ella estaba confundida y me dijo el total de la cuenta. Claramente las cosas eran pequeñas y no eran caras, pero el total de la cuenta era cercano a los 100 dólares. Miramos en la caja registradora. Un emparedado costaba casi 50 dólares. Y continuaba marcando con ese precio, por lo que finalmente la cajera decidió llamar al administrador. Miré a la cajera y bromeé: “ Ese debe ser un emparedado muy rico”. Ella hizo un guiño y me respondió: “ Yo lo he comido, y creeme, no es tan rico”.
Es difícil saber a veces lo que es realmente bueno, lo que es realmente importante o lo que realmente importa. Nuestros supermercados están llenos de productos, y nuestros televisores muestran cientos de canales. A nuestro alrededor hay gente que parece más inteligente que nosotros, más espiritual o más bonita. En medio de todo eso nos podemos sentir insignificantes o pensamos que no somos importantes.
Es Jesús quien dice que tu vida importa. Es fácil enfocarse en el éxito de otros y en nuestras propias fallas. Jesús ve el talento que hay en cada uno de nosotros. El quiere que usemos ese talento para guiar a otras personas hacia El. La clave de la espiritualidad es entender que hay algo en ti que es único y forma parte del plan de Dios.
Sí, hay gente que es más santa y más espiritual que nosotros. Pero tú no eres un actor insignificante en la historia de la fe. En tu vida - tus relaciones, las situaciones que encuentras día a día - tienes las oportunidad de guiar a alguien en el camino de Cristo. Puede ser una palabra, un gesto o alguna decisión. Tú puedes insistir en que alguien lo puede hacer major que tú, pero Jesús quiere que tú seas esa persona, porque El cree que tú eres así de bueno.
martes, 22 de junio de 2010
Un llamado urgente
“ Aunque yo tengo todo el derecho en Cristo para ordernarles que hagan lo que es adecuado, se los pido en nombre del amor, siendo yo, Pablo, un hombre viejo, y ahora un prisionero por Cristo Jesús”.
(Filemón 1:8-9)
Recuerdo la primera vez que sucedió. Llamé a la casa de una familia que había experimentado una muerte aproximadamente un mes antes. El teléfono sonó muchas veces y después el sonido típico de la máquina contestadora. La voz fue lo que me sorprendió. Era la voz de la persona que había muerto semanas antes: “ En este momento no podemos contester el teléfono, pero si déjà un mensaje y la hora que nos llamó, le llamaremos de vuelta. Tenga un buen día”. Fue sorprendente y reconfortante al mismo tiempo. No dejé mensaje.
Las voz de San Pablo sorprendía y reconfortaba a las primeras Iglesias cristianas. Algunos lo conocieron, algunos solamente escucharon su voz a través de sus cartas o sus compañeros. Aún en su hora más oscura, él levantó la voz en gratitud por la cercanía con Jesús. Muchos después que él murió, hasta el día de hoy, es su voz la que nos urge, por amor, a vivir por Cristo.
Una vida de fe nunca es vivida en soledad. Necesitamos el soporte y la guía de aquellos que están haciendo el viaje de la fe. Necesitamos la voz de la comunidad para que nos desafíe. Necesitamos la voz de la comunidad para que nos reconforte y nos sostenga. Necesitamos la voz de la comunidad para que nos diga que todo lo que debemos hacer lo deberíamos hacer por amor. Como parte de esa comunidad nos damos cuenta que hay poder en nuestra voz. Podemos aprisionar a otros con nuestras palabras de pena y crítica. Podemos liberarlos con nuestras palabras de amor y paz.
Y después, están las otras voces; las que se han ido a la casa del Señor. El tío que iba a misa todos los días. El vecino que estaba constantemente pendiente de los demás. La abuela que rezaba por nosotros incluso en los tiempos más difíciles. Todavía podemos oír aquellas voces que nos llamaban al amor de Dios.
viernes, 4 de junio de 2010
Vive con integridad
Las personas íntegras viven bajo un código de valores. Ellas son veraces con ellas mismas y con los demás. Sin embargo, el mundo ofrece muchas tentaciones para que las personas comprometan su integridad en favor de la ganancia personal y el lucro. Estas tentaciones pueden llegar a cualquiera.
Hay muchos beneficios por ser completamente honesto. Verás el mundo de una manera completamente nueva. Tus relaciones se basarán en la confianza en vez de la sospecha. Serás un excelente ejemplo para tus hijos y amigos. Cuando tengas éxito, los elogios que recibas se sentirán aún mejor, porque seguiste tus principios y tus valores.
La honestidad personal no es popular hoy en día; pero, si luchas por ser honesto en todos tus asuntos, vas a estar en paz contigo mismo, con los demás y con Dios. ¡Vas a vivir con integridad!
viernes, 21 de mayo de 2010
Recuerda las pequeñas cosas
San Agustín una vez dijo: “Ser fiel a las pequeñas cosas es una gran cosa”.
La devoción a la familia suena como algo muy simple y lo es.
La gratitud, la humildad y la fidelidad son las pequeñas cosas. Son cosas pequeñas pero al mismo tiempo son
difíciles. Es fácil hablar sobre resolver los problemas en la sociedad con grandes planes políticos y sociales a nivel nacional, porque de esta manera se puede culpar a alguien más, si el plan no funciona.
El cambio personal, la integridad moral del individuo, la fidelidad a las personas y a los principios es un trabajo más difícil, porque estamos atados a nosotros mismos y no podemos culpar a nadie más si fallamos.
Pero si persitimos en estas pequeñas cosas, lograremos una gran cosa. ¡Afectaremos a otros! Una vida con buenas acciones puede comenzar por cambiar el mundo.
Un reportero preguntó una vez a la Madre Teresa de Calcuta el secreto de su éxito. Ella respondió que no había sido llamada para tener éxito, sino para esforzarse. El éxito es un asunto de Dios. Esforzarse es un asunto personal. Ella no fue llamada para encontrar grandes soluciones para la pobreza, sino de vivir la pequeña solución de su amor personal, que a su vez se convertiría en una infección de amor en el corazón de otras personas.
miércoles, 28 de abril de 2010
La gran bendición
Invocando el cuidado de Dios sobre alguien o algo; es lo que entendemos por una bendición. Lo contrario, una maldición; es desear el mal al otro. ¡Una bendición o una maldición! Aquí tenemos una opción fundamental que forma nuestro destino.
El señor instruyó a Moisés en cuanto a las bendiciones. Por medio de palabras de aliento y aprobación, nosotros deseamos el bien a otras personas a través de la intercesión de Dios. Cada uno de nosotros debemos ser un don y una bendición para los demás. Estamos llamados a ser instrumentos de la paz de Dios. Sabemos desde las escrituras que María fue bendecida. La cara del Señor brilló sobre María a través del mensaje del Ángel Gabriel en la Anunciación, a través del saludo bendito de Isabel en la Visitación, en el mensaje de los pastores en el momento de la Natividad del Señor. Dios realmente fue generoso con María, porque la vio con bondad y le dio paz.
La respuesta de María a esta gracia fue total y leal. Ella se reflejó sobre las cosas asombrosas que Dios le había hecho y las atesoró en su corazón. Ella nombró a su hijo Jesús y lo ofreció a Dios Padre. Bendición sobre bendición. Ser bendito, como fue María, es experimentar la posibilidad de la felicidad.
En un poderoso escrito de introducción de la espiritualidad de San Juan de la Cruz, el autor Iain Matthew tiene un capítulo titulado “El Evangelio tiene ojos.” El mensaje básico es que cuando Dios mira; ama y da bendiciones sobre lo que esta viendo. El mensaje que Dios le dio a Moisés en cuanto al brillo divino en nuestra cara, se refiere a Dios mirándonos bondadosamente. En la mirada de amor de Dios, encontramos nuestra paz.
Un poeta proclamó: “Hágase un don y una bendición.” Ciertamente tenemos que llegar a ser una bendición para todas las personas que encontramos sonriendo a través de una mirada alentadora y bondadosa. Una gran parte de cada vocación cristiana consiste en ser una bendición para otros.
¿Quién te ha bendecido en tu vida? ¿Para quienes has sido una bendición? Al inicio de este nuevo año ¿estás dispuesto a comprometerte de nuevo a ser un don y una bendición para todas las personas que te encuentras?
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Padre Adolfo Menéndez
El autor
Nací en USA en 1940 de padre español y madre panameña. Entré en la orden religiosa de los misioneros de San Francisco Xavier en 1959. Fui ordenado sacerdote en 1968. Pasé los primeros 7 años de mi vida como misionero sacerdotal en Japón. Regresé a USA para cumplir unos estudios en religiones comparativas. Después de 7 años me pidieron ir a México donde pase 23 años cumpliendo con varios cargos: atendiendo ranchos que se encontraban en la sierra o en el desierto; siendo maestro y director de una escuela; dando clases de teología en un seminario mayor regional; sirviendo a mi congregación misionera en varios cargos como superior mayor o rector de una casa residencial de estudios para jóvenes-adultos que buscaban ser misioneros. Regresé a USA en 2001 para servir en dos universidades públicas como capellán y maestro en diferentes momentos de tres disciplinas teológicas: Misiología, Cristología, Fundamentos de la moral católica. En este momento me encuentro como capellán católico en la universidad del estado de Illinois.
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