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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Limpiando el disco duro

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Imagen: pctechguide.com

“ Si alguno, pues, trata de no cometerlas faltas de que hablo, sera como vajilla noble: sera santo, útil al Señor, apropiado para toda obra buena. ”
(2a. Carta a Timoteo 2:21)

Una vez tuve una computadora, que cuando compré era la última tecnología. Durante el paso de los años, compré e instalé diversos sistemas operativos que prometían mejorar el desempeño de la unidad.

Un día, después de que instalé el último y más moderno sistema operativo, mi computador colapsó. A pesar de mi entrenamiento como ingeniero, no pude darme cuenta porque no funcionó más.

Empaqué la computadora y la llevé a un experto. Cuando le expliqué lo que sucedió, el experto
me preguntó si había borrado el sistema operativo anterior de mi computador antes de instalar el
nuevo. “No”, le dije. “He estado instalando sistemas operativos nuevos sobre los antiguos durante
años.”

“Entonces ese es tu problema ,” me dijo. “Tu computadora tiene tantas órdenes que le indican cómo operar que no sabe qué hacer. Por eso se apagó.” Procedió entonces a borrarle todos los sistemas operativos anteriores y le colocó el último que yo había comprado. Y la computadora funcionó magníficamente.

De aquella experiencia aprendí que nosotros no solo debemos limpiar los discos duros de nuestras computadoras, sino más importante aún debemos limpiar los discos duros de nuestra vida. Muchas instrucciones antiguas pueden hacer que nosotros nos cerramos dentro de nosotros mismos, causando reacciones inapropiadas o apagones.

¡En el mundo actual tenemos tantas voces compitiendo por nuestra atención! Por eso, es vital acumular todas las fuerzas que nos impulsan hacia adelante para poder llevar también el equipaje que insistimos cargar a lo largo de nuestra vida, eliminando lo que no es beneficioso. Así solamente podremos vivir utilizando todo nuestro potencial, beneficiando nuestra vivencia católica y listos para hacer el trabajo diario correctamente.

martes, 21 de septiembre de 2010

La dirección que estás mirando

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Imagen: encuentros.com
“ Mientras tanto los pecadores y los embusteros irán de mal en peor, yendo juntos los engañadores y los engañados .Tú, en cambio, quédate con lo que has aprendido y de lo que estás seguro, sabiendo de quiénes lo recibiste. Además, desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras. Ellas te darán la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús ”
(2a. Carta a Timoteo 3:13-15)

Una vez un amigo fue a aprender como montar un caballo en una escuela de equitación. El admitió que no sabía nada acerca de montar a caballo. Afortunadamente había un instructor que le guió durante todo el proceso y que le dio unas indicaciones muy requeridas.

“Una cosa más”, agregó el instructor después de que montó. “No dejes que el caballo camine pegado a la muralla.”

“¿Cómo? ,” dijo mi amigo.

“El tratará de empujarte contra la muralla para hacerte caer”, le avisó. “No dejes que lo haga.”

“Bueno, ¿cómo prevengo que vaya contra la muralla?,” mi amigo preguntó.

“Solamente mira en la dirección que quieres que el caballo vaya” , le dijo calmadamente.

“Pero, ¿cómo sabrá él donde estoy mirando?”

“El sabrá,” le contestó.

Cuando dieron la primera vuelta, el poderoso animal empezó a dirigirse a la pared.

“¿Qué está haciendo el animal?,” le preguntó el instructor.

“Está yendo hacia la pared,” le respondió mi amigo.

“¿Qué estás mirando? ,” le preguntó.

“La pared.”

“Bueno, solo mira en la dirección que quieres que el caballo vaya.”

No tuvo otra opción. Miró hacia la ruta que tenía que seguir en vez de mirar muralla. De una manera impresionante el caballo dobló lentamente y siguió la línea de su mirada. Mi amigo se dio cuenta entonces que cuando miraba hacia la dirección que quería seguir, se inclinaba y tiraba las riendas. Mi amigo hizo todo lo necesario para enviar las señales correctas al animal y el animal respondió.
La lección que aprendió ese día es que una persona va en la dirección que decide. Si la persona está mirando hacia la pared, se chocará contra ella. Si mantiene la miraba fija en su meta final, va a encontrar el camino para llegar a ella.

Mientras leí las palabras de San Pablo, me dí cuenta de que siempre nos estamos moviendo, ya sea de mal en peor o de bueno a más bueno y que nuestra dirección está determinada por el lado al que deseemos mirar.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Recuerda las pequeñas cosas

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San Agustín una vez dijo: “Ser fiel a las pequeñas cosas es una gran cosa”.

La devoción a la familia suena como algo muy simple y lo es.

La gratitud, la humildad y la fidelidad son las pequeñas cosas. Son cosas pequeñas  pero al mismo tiempo son difíciles. Es fácil hablar sobre resolver los problemas en la sociedad con grandes planes políticos y sociales a nivel nacional, porque de esta manera se puede culpar a alguien más si el plan no funciona.

El cambio personal, la integridad moral del individuo, la fidelidad a las personas y a los principios  es un trabajo más difícil, porque estamos atados a nosotros mismos y no podemos culpar a nadie más si fallamos. Pero si persistimos en estas pequeñas cosas, lograremos una gran cosa. ¡Afectaremos a otros! Una vida con buenas acciones puede comenzar por cambiar el mundo.

Un reportero preguntó una vez a la Madre Teresa de Calcuta el secreto de su éxito.

Ella respondió que no había sido llamada para tener éxito, sino para esforzarse. El éxito es un asunto de Dios.

Esforzarse es un asunto personal. Ella no fue llamada para encontrar grandes soluciones para la pobreza, sino de vivir la pequeña solución de su amor personal, que a su vez se convertiría en una infección de amor en el corazón de otras personas.

domingo, 29 de agosto de 2010

Sólo Dios sabe

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“ Yo, por mi parte, estoy llegando al fin y se acerca el momento de mi partida. He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado lo que depositaron en mis manos. Sólo me queda recibir la corona de toda vida santa con la que me premiará aquel día el Señor, juez justo; y conmigo la recibirán todos los que anhelaron su venida gloriosa  
(2a. Carta a Timoteo 4:6-8)

La carrera se terminó. Quizá gané, quizá perdí. ¿Quién sabe? Yo no sé, mis amigos no saben, mis críticos no saben, solo Dios sabe realmente.  Por supuesto los archivos están ahí para que cualquiera los pueda ver en los medios de comunicación. Pero la carrera se terminó, con todo el sonido y la furia, los planes, los sueños, la competencia, el estrés, la contienda. Todos ellos están comenzando a desvanecerse, mientras que algo está comenzando a instalarse: la vejez. La disminución ha venido a vivir conmigo en todo tipo de formas burlonas. Mi abrigo de invierno me cuelga un poco más esta mañana, cuando mi esposa lo sacó del closet con olor a naftalina. 

Y hay un cajón en la despensa que ya no puedo alcanzar más, aunque todavía nadie lo ha notado. Más malo aún y de esto sí que no tengo la intención de hablar: hay una confusion en la apiñada multitud de recuerdos buenos y malos de lo que me ha pasado durante todos estos años. Lo divertido es que las cosas buenas parecen tan claras a veces y puedo reir y revivirlas y adornarlas también, mientras que intento olvidar los detalles de mis faltas.

He luchado duro en la vida, he mantenido la fe, siempre he contado con Dios…. Ahora en el anochecer no puedo leer aunque no me preocupo por eso. Mi perro Ben, se queda a mi lado, fiel a mis pies. Su mandíbula mantiene mis tobillos calientes. El corto día de mi vida se va. ¡Espera un momento! ¡El Señor viene! El es a quien más deseo ver. El ha dicho que traerá la recompensa consigo, pero ¿qué recompensa? Lo único que quiero es a El. ‘Me alegra que te detuviste, mi amigo.’ Tu sabes, que llegará también el momento que tendrás que irte de este mundo. Ese momento llegará más pronto de lo que imaginas. Pero,  yo debo irme.

domingo, 15 de agosto de 2010

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“Pero el Señor estuvo conmigo llenándome de fuerza, para que el mensaje fuera proclamado por medio de mí y llegara a oídos de todas las naciones; y quedé libre de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me salvará llevándome a su reino celestial. A El la gloria por los siglos de los siglos. Amén.  ” 
(2a. Carta a Timoteo 4:17-18)

Pablo encaró la muerte en Antioquía, Iconio y Listra. Gente furiosa lo persiguió en el templo, en las calles e incluso en la prisión.  ¡Hoy en día él estaría en casa en Iraq o en Estados  Unidos! El conoció la mirada del león con su boca abierta sobre él y el sonido del rugido del león en sus orejas. Pero una y otra vez el Señor lo rescató. ¿ Tengo leones en mi vida? ¿Están adentro de mi persona o fuera de ella? ¿Son en su mayoría otras personas o soy yo mismo mi mayor peligro? ¿Podría yo ser un león o una leona? Los leones son relativamente inocentes comparados con las personas.
San Ignacio de Antioquía se hubiera hecho amigo de los leones que estaban esperando por él en el Coliseo: sin embargo, el se refirió a los guardias romanos en el barco que lo llevaron a Roma como fieras.

Sea yo un león o sea que debo encarar a uno, yo sé que el Señor me va a rescatar. En el primer caso, el rescate va a tomar la forma de una transformación. Nada dentro o fuera de mí es demasiado grande para el ingenio amoroso de Dios, lo cual es su misericordia. Nada externo, pasado, presente o futuro es un rival para su amor por mí.  Cuando el Rey Dario, hambriento de su ayuno y molesto por su insomnio de la noche, bajó al amanecer a la cueva de los leones para ver que había pasado con el profeta Daniel, él lloró en temor y angustia, ‘Oh Daniel, ha sido tu Dios capaz de liberarte?’  Sabemos lo que viene. En la oscuridad de la noche Dios envió a su ángel para cerrar la boca de los leones. Ningún daño le ocurrió a Daniel, porque el confió en Dios. A la luz de esta historia podemos dejar que los leones vengan con toda su furia. El miedo se marcha y la esperanza se desliza  con el nuevo día. Para citar el conocido autor americano Russell Ford, se cambian los papeles: “Yo me siento como un león en una cueva llena de Danieles.”

jueves, 5 de agosto de 2010

Viendo la luz

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San Juan Damasco  (676-749). Se conoce a San Juan Damasco como el doctor del arte cristiano y el doctor de la Ascensión de María. Su amor por la belleza y el arte sacó a muchas personas de la melancolía y la oscuridad a la luz de la gracia. Su pensamiento religioso hacia la Virgen María donde la enfatizaba fuertemente como portadora de Dios, lo llevó a él y a la Iglesia a creer firmemente en la Ascensión de María.
Como los 2 hombres ciegos del Evangelio (Mateo 9: 27-31), muchos de nosotros tenemos un tipo de ceguera por la cual no podemos ver y apreciar los diferentes símbolos que sirven como puente sobre el abismo entre lo divino y lo humano. El amor y defensa de imágenes santas es un ejemplo de alguien que ha pasado por este puente. Muchos de nosotros en la Iglesia occidental, sin conocer la tradición rica de la ciencia y el arte de las imágenes sagradas del oriente; ignoramos completamente la belleza única que nace de esa tradición. Nosotros deberíamos gritar: “Señor, ten misericordia de nosotros, porque nosotros no somos capaces de ver el valor interno de tanta arte.”  

Una señal básica de la fe cristiana es nuestro principio sacramental. La vida y la gracia de Dios llegan por medio de signos y eventos. Sacra mentalidad significa que nosotros tenemos acceso a la luz de Dios por medio de palabras, símbolos, himnos, pinturas, etc.  Si tenemos ojos de fe, estaríamos absorbidos por la presencia de Dios. San Juan Damasco mantuvo firmemente éste principio a pesar de mucha oposición, especialmente de la autoridad política.

El arte cristiano tiene varios fines. Uno es sacarnos de nosotros mismos metiéndonos a un mundo más grande. Imágenes sagradas, contempladas en la oración, nos llevan a un santo olvido de nosotros mismos.  El arte abre para nosotros lo que está escondido y nos abre a ver estas verdades. El arte también nos transforma a través de su belleza, sin  buena arte el espíritu se arruga.

El profeta Isaías y San Lucas eran artistas. Ellos pintaron para nosotros con palabras la acción de gracia.  Si tenemos fe, tal vez Dios nos quitará nuestra ceguera y nos bendecirá para ver la gloria divina.
¿Cuál es tu obra de arte favorita?

miércoles, 28 de julio de 2010

El choque de la corrección

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Imagen: Desdecuba.com

“Tú enseña estas cosas, aconsejando y reprendiendo con toda autoridad. No dejes que nadie te menosprecie ”  (Carta a Tito 2:15)

Ojalá que este mandato directo de Pablo a Tito hubiera sido tallado en piedra sobre la entrada de nuestro tercer milenio. No hay espacio para equivocarse con las palabras de Pablo. Tito debe mantener las líneas de comunicación entre él y sus sacerdotes, diaconos y las santas mujeres que sirven las Iglesias que él fundó. No debe haber equivocación y no debe apartarse de sus deberes de exhortación y corrección.

Pablo nunca escatima palabras en sus prédicas o en sus cartas. Así había sido con Cristo y así es con Pablo; siempre es “sí” o “no”. Ahora Tito debe seguir su ejemplo.

La exhortación y corrección, concebidos como deberes, han perdido el prestigio en nuestro tiempo. Su valor se ha deteriorado notablemente.  Por todas nuestras preocupaciones y por ser políticamente correcto, ¿quién honestamente quiere ser corregido?

La corrección es cada vez más escasa y cuando aparece viene como un choque.

Se ha vuelto aún más raro que cuando se debe hacer, una persona con una posición de autoridad alta y bien evaluada corrija con valentía. Hemos sido testigos de desastrosas consecuencias de este tipo de situaciones en la Iglesia hoy en día, y hemos llorado por la terrible pérdida de almas. Además, este patrón es seguido con resultados desastrosos en la vida de las familias por todo el mundo.

¿Hay alguna cosa que yo como individuo pueda hacer para contrarrestar la inercia universal de ser correcto sin ser corregido? ¿Que parte juega la corrección en mi vida, en mi actitud conmigo mismo y con otros? ¿Tengo el coraje para aceptar la sugerencia de un amigo que indica que quizá mi vida no está yendo en la dirección correcta? ¿Tengo ganas de cambiar el curso? ¿Estoy dispuesto ha hacer ese cambio que me va a costar más que cualquier otro?

Cuando veo en mis hijos, mis amigos o mis compañeros de trabajo tendencias que los están extraviando levemente, ¿les digo y les ayudo a redireccionar sus energías antes que sea demasiado tarde? ¿Los amo con tal profundidad?

martes, 20 de julio de 2010

Lo bueno en vos

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“ Ojalá esa fe se vea en las obras y manifieste todo lo bueno que tenemos en Cristo” 
(Filemón 1:6)

Las cosas viajan fácilmente en la cinta transportadora. Siete cosas en la línea para “12 elementos o menos”. El cajero los escaneó  rápidamente, mientras yo los ponía en una bolsa. Ella estaba confundida  y me dijo el total de la cuenta. Claramente las cosas eran pequeñas y no eran caras, pero el total de la cuenta era cercano a los 100 dólares. Miramos en la caja registradora. Un emparedado costaba casi 50 dólares. Y continuaba marcando con ese precio, por lo que finalmente la cajera decidió llamar al administrador. Miré a la cajera y bromeé: “ Ese debe ser un emparedado muy rico”. Ella hizo un guiño y me respondió: “ Yo lo he comido, y creeme, no es tan rico”.

Es difícil saber a veces lo que es realmente bueno, lo que es realmente importante o lo que realmente importa. Nuestros supermercados están llenos de productos, y nuestros televisores muestran cientos de canales. A nuestro alrededor hay gente que parece más inteligente que nosotros, más espiritual o más bonita. En medio de todo eso nos podemos sentir insignificantes o pensamos que no somos importantes.

Es Jesús quien dice que tu vida importa. Es fácil enfocarse en el éxito de otros y en nuestras propias fallas. Jesús ve el talento que hay en cada uno de nosotros. El quiere que usemos ese talento para guiar a otras personas hacia El. La clave de la espiritualidad es entender que hay algo en ti que es único y forma parte del plan de Dios.

Sí, hay gente que es más santa y más espiritual que nosotros. Pero tú no eres un actor insignificante en la historia de la fe. En tu vida - tus relaciones, las situaciones que encuentras día a día - tienes las oportunidad de guiar a alguien en el camino de Cristo. Puede ser una palabra, un gesto o alguna decisión. Tú puedes insistir en que alguien lo puede hacer major que tú, pero Jesús quiere que tú seas esa persona, porque El cree que tú eres así de bueno.


jueves, 8 de julio de 2010

Una persona, Dos personas

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Adán inició todo y se equivocó; Cristo lo inicio de nuevo y no se equivocó.


Contrastar a Cristo con Adán es una fuente rica de reflexiones cristianas. San Pablo introduce el tema y San Irineo de Lyons, uno de los padres de la Iglesia del Siglo II  la desarrolló.

Se desarrolló todavía más el tema durante la Edad Media en Arte y Música. San Pablo nombra a Cristo el Ultimo Adán, el hombre  final y perfecto en contraste con el primer Adán. San Irineo escribió acerca de Cristo en términos de  recapitulación que no significa “resumir” sino “iniciando de nuevo”.

Adán inició todo y se equivocó; Cristo lo inicio de nuevo y no se equivocó, como los escritores cristianos desarrollan el tema; ellos ven más puntos de comparación así como el pecado entró en el mundo a través del árbol en el jardín del Edén, así la redención entró en el mundo a través del árbol de la cruz.

Así como la primera mujer Eva fue sacada de la costilla de  Adán cuando dormía, así la Iglesia nació del lado de la costilla de Cristo muerto. La desobediencia de Adán resultó en un fracaso; la obediencia de Cristo resultó en la victoria. Así como San Irineo creyó, la Virgen Eva llegó a ser la causa de la muerte por su pecado; la Virgen María es la causa de salvación por su SI: “hágase su voluntad en mi”.

Eva escuchó a una serpiente; María escuchó a un ángel. Aun hay una tradición medieval que dice que el Gólgota fue el sitio del sepulcro de Adán. A veces, representaciones de la Crucifixión muestran  una calavera al pie de la cruz: esa calavera no es cualquier calavera, sino la calavera de Adán.

Por el maravilloso sentido medieval de armonía la caída original en el pecado y la redención están unidas en un mismo lugar. Así San Pablo nos invita a contemplar el gran drama cósmico de nuestra redención comparando a 2 personas, Adán y Cristo, y viendo toda la historia de la raza humana resumida en ellos 2, el primer Adán y el Ultimo Adán. Es esto lo que San Pablo señala cuando escribe: “Así fue la caída, pero el don de Dios no tiene comparación. Pues si todos mueren por la falta de uno sólo, la gracia de Dios se multiplica más todavía cuando este don gratuito pasa de un solo hombre, Jesucristo, a toda una muchedumbre”. (Romanos 5: 15)

Blogumulus by Roy Tanck and Amanda Fazani

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