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martes, 12 de abril de 2011

Vestido para el éxito

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“Nosotros, en cambio, por ser del día, permanezcamos despiertos; revistámonos de la fe y del amor como de una coraza, y sea nuestro casco la esperanza de la salvación.”
(1a. Carta a los Tesalonicenses 5:8)

Imagen: conventos-clausura.blogspot.com
Los expertos en cultura nos dicen que aquellos que son exitosos son aquellos que decidieron primero colocarse el vestido del éxito. Los vendedores y las mujeres que trabajan fuera de la casa tienen más probabilidades de tener éxito si están haciendo sus llamadas de ventas en un traje que en sus pijamas. Incluso las mamás que trabajan en casa son más productivas si se cambian las batas de dormir y pantuflas y se “colocan zapatos”. Por lo tanto no es de extrañar que San Pablo nos anima para vestirnos en la fe y equiparnos con las virtudes de la fe, la esperanza y el amor. Es tentador concluir que este tipo de pensamiento es extraño pero no es para una persona moderna.

Después de todo, tenemos muchas más maneras interiores y sicológicas de expresar nuestra necesidad de preparación espiritual. La fe tiene que ver con lo que está dentro de mí, lo que fluye de mí. ¿Quién necesita una tenida de ropa espiritual? ¡Nosotros! Al decidirnos colocarnos el vestido de la fe, nos comprometemos  a vivir externamente la fe que tenemos dentro.

Todo niño que alguna vez ha usado de disfraces conoce este secreto: si tú te disfrazas de rey, es más fácil actuar como un rey; y ciertamente, una cosa es profesar nuestra lealtad a un rey celestial y otra muy distinta ser real hacia los demás,

Al colocarse el vestido de la fe, nos renovamos en una vida de fe que está expresada en nuestro comportamiento y en nuestra conducta, en nuestras maneras y manierismos, en la forma que hablamos y actuamos con los demás. Dejemos, entonces, que las palabras de San Pablo entren al corazón. Hoy pongámonos la coraza de la fe y el amor, y el casco que es la esperanza de la salvación. Esta es un forma espiritual de vestirse para el éxito.

jueves, 31 de marzo de 2011

Perros de casa

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“Debemos dar gracias a Dios en todo tiempo por ustedes, hermanos. Es justo hacerlo, ya que siguen progresando en la fe y crece el amor de cada uno a los hermanos.”
2a. Carta a los Tesalonicenses 1:3

Un sacerdote muy perceptivo con el que conversé recientemente me remarcó el hecho de que es Dios quien nos da vocaciones. Además, en nuestro camino por la vida las demás personas como esposas, esposos, compañeros, sacerdotes y hermanas religiosas nos permiten ver como en un espejo lo que somos. Pensé al principio que era cierto porque la gente alrededor mío me recordaba mis puntos débiles. Fue en ese momento cuando él me explicó que todo lo que nos viene en la vida es para que después de la muerte tengamos menos que purgar. Apostaré que nadie podría admitir que la dificultad en mantenerse fiel a los suyos se encuentra, no tanto en los demás, sino en la propia incapacidad para aceptar lo que ve en sí mismo. Esto se refleja en los tiempos que inevitablemente se gasta con los demás.

Por ejemplo, consideremos la historieta de Chekhov’s  La señora con el perro de mascota. En el cuento el personaje principal comete una más de muchas infidelidades, a pesar de las muchas dificultades
logísticas en que se encuentra. Él se da cuenta de que todas las mujeres que alguna vez amó se enamoraron no de él, sino de una imagen que ellas tenían de él. Yo supongo que si ellas se hubieran enamorado de lo que realmente él era, él las hubiera acusado de provocar el mismo aburrimiento que supuestamente encontraba en su esposa. Sin embargo, cuando aceptamos la compañía de Dios dentro de nuestra vida, en vez de ser como el héroe de Chekhov, un tercer factor emerge: la postura de nuestra familia y amigos que se mantiene con nosotros llega a ser un signo del amor y la misericordia que Dios tiene con nosotros. Por eso, no hay razón para huir. El resultado, como dice San Pablo, es una fe que
florece constantemente y un amor que cada vez se hace más grande.

lunes, 28 de marzo de 2011

Respuesta del padre Adolfo a una consulta sobre el aborto

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En la entrada ¿Perdona Dios a la persona que ha tenido un aborto?, un lector hizo la siguiente consulta:

"Pero cuando uno hace la confesión a un sacerdote sobre el aborto, ¿cómo es su actitud? ¿mira a la persona mal o lo podria denunciar ante la ley?"

La respuesta es la siguiente: 

“Primero el sacerdote no puede denunciarlo ante de la ley, porque todos los pecados y posibles pecados que se dicen en la confesión es secreto. El sacerdote que habla de estas cosas es castigado muy severamente por la Iglesia.

Sobre la otra cosa la gran mayoría de la gente que llega a confesarse es porque tiene pecado. Sería dificil de comprender que el sacerdote lo mire feo, pero esto depende del carácter del sacaerdote.  No debería ser así, ya que el sacerdote debe considerer que -incluso él siendo sacerdote- a veces tiene pecados, entonces debería sentir compasión con esa persona, siendo lo más importante que la persona esté arrepentida de corazón.”

lunes, 21 de marzo de 2011

¿Al fin y al cabo, quién actúa?

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Imagen: Aci Prensa

“Estos son nuestros pensamientos en todo momento mientras rogamos por ustedes: que nuestro Dios
los haga dignos de su llamada y que, por su poder, lleve a efecto sus buenos propósitos, haciendo que
su fe sea activa y eficiente. De ese modo el nombre de Jesús, nuestro Señor, será glorificado a través de ustedes y ustedes lo serán en él, por gracia de nuestro Dios y de Cristo Jesús, el Señor. ”

Muchas veces, cuando la gente habla acerca de la santidad, la impresión que uno se lleva es que la santidad es algo reservada para las personas jemplares entre nosotros, aquellos que pueden concentrarse en las cosas del espíritu poniendo a un lado preocupaciones y quehaceres cotidianos.

Nos olvidamos que no fuimos nosotros los que tomamos la decisión de ser bautizados. Nosotros no fuimos quienes decidimos darnos la existencia. Pero, más importante aún, nos olvidamos que al llegar a tener vida humana, la intención de Dios fue de remover una cierta presuposición de nosotros que nos dice que nuestras ansiedades no preocupan a Dios. Nos olvidamos que para caminar con nosotros a lo largo de la historia, Jesús no se basó en cosas vagas o especulaciones.

El grupo de personas que Jesús eligió para hacer su presencia visible en la historia realizará su misión a través de la eficacia de los sacramentos de la Iglesia. Jesús tiene la energía divina de perfeccionar todo lo bueno y lo no tan bueno de nosotros. La mentalidad que separa la santidad del resto de nuestra vida es la misma mentalidad que niega que Dios desea ser visto objetivamente a través de la Iglesia.

 Esta verdad nos lleva a reconocer que son nuestros propios conocimientos y sabiduría que aseguran la presencia de Cristo entre nosotros. Podemos preguntarnos si es el Cristo de la historia o el Hijo de Dios presente por toda la historia que revela su presencia en el mundo. Esa es la diferencia entre ver
a un hombre parado en la esquina de la calle con un letrero que dice arrepentido y ver a la Madre Teresa recogiendo a un hombre muriendo en la calle de Calcuta. ¿Qué es lo que mueve más nuestros corazones?

Para la Madre Teresa, el relacionarse con Cristo no fue algo que ella hiciera después de limpiar las llagas de un hombre enfermo. Era dentro y a través de las verdaderas llagas que ella se relacionó con Cristo.

lunes, 28 de febrero de 2011

Aquí y ahora

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Imagen: ACIPrensa.com

“Pero nosotros tenemos que dar gracias en todo momento por ustedes, hermanos amados por el Señor, pues Uds. son la parte de Dios y fueron elegidos para que se salvaran mediante la  verdadera fe y fueran santificados por el Espíritu.”
(2a. Carta a los Tesalonicenses 2:13)

Cualquier persona que haya intentado enseñar religión a alumnos de secundaria probablemente aprendió que el hablar a los jóvenes de quarks, la partícula constituyente de la materia, es menos abstracto que el hablar del cielo y del infierno. La verdad es que nosotros percibimos las realidades eternas como irrelevantes en comparación con lo que podemos ver, oir o tocar. Cuando se toca el creer en las acciones de Dios, la mayoría de nosotros las relacionamos más fácilmente con las catástrofes físicas como terremotos o eclipses lunares que con hechos históricos como es la liberación de los israelitas de Egipto; un montón de nómadas en el desierto que cruzaron el mar sin ahogarse y que fueron guiados por un tartamudo, como Moisés.

Y así es con nosotros cuando San Pablo nos dice que somos los primeros frutos de la salvación.  Nosotros pensamos en la salvación como algo parecido al reloj que marca nuestra asistencia al trabajo. Cuando hemos terminado nuestros esfuerzos para vivir nuestra vida del modo más noble posible y alcanzamos el fin de nuestra vida es como terminar la jornada de trabajo. La verdad es que no hay tal cosa como un fin a la jornada de la vida, siendo que tenemos que vivirla noblemente cada hora. La eternidad, el cielo y el infierno son realidades que ya hemos empezado a vivir acá. Diciéndolo sencillamente, o estamos orientados a relacionarnos con nuestro Creador o estamos alejándonos de esa relación. ¡Quien sabe si tal vez pensamos que las personas que van en dirección opuesta o los que están a nuestras espaldas nos van a golpear!

Es por esto, que como cristianos, Él nos ha tomado por el Bautismo miembros de su pueblo definitivo. Así hizo con los antiguos israelitas a pesar de todas sus debilidades, fobias y traiciones. Esos israelitas fueron un signo para los egipcios de que estaban lidiando con algo más grande que un montón de esclavos que fabricaban tiendas de campamento y que hacían ladrillos.

Lo mismo hicieron los romanos que a pesar de exponer a la muerte al puebo elegido de Dios fueron forzados a ver que ellos no podían poner  fin a un hecho histórico.

Al hacernos sus primeros frutos Dios demuestra que EL está en el cielo y que también está presente entre nosotros acá en la tierra.

Una respuesta para los padres que pierden a sus hijos muy pequeños

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Imagen: Aciprensa.com
El 27 de enero último publiqué el post ¿Cuando mueren los niños se convierten en ángeles? Luego recibí una carta de Katia, que me decía lo siguiente:


"Mi niño murió a los 4 años en un incendio. No lo pudieron rescatar. Quiero saber qué es de él y cómo estará si sufre, si me extraña, si me olvido de él o si está tranquilo. Él ya tiene un año muerto y para mi fue ayer que él murió. Me siento mal. Me atormenta la idea de saber que él sufre más de lo que sufrí. Por favor aconséjeme, necesito ayuda".


Katia, quiero decirte lo siguiente: 


El niño después que muere, inmediatamente entra en el Reino de los Cielos, ve a Dios cara a cara y siendo que Dios es amor se llena de este amor divino hasta el tope. Por lo tanto no sufre y está profundamente sereno y feliz. Él reconoce el sufrimiento de su mama, pero no es capaz de compartirlo, pero sí intercede con Dios para que ella esté en paz, reconociendo que él no sufre ni podrá sufrir. Siendo ahora un santo no puede compartir los disgustos, el sufrimiento y  a veces la soledad que son parte de la vida en esta tierra.

lunes, 14 de febrero de 2011

Cuarzo púrpura y palabras grises

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Imagen: transformandoelmundo.wordpress.com

(2a. Carta a los Tesalonicenses 2:15)“Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y guarden fielmente las tradiciones que les enseñamos por palabra o por carta.”

Con frecuencia escuchamos personas, incluso católicos hablar de la muerte de amigos o parientes, “¿Me pregunto si la resurrección existe realmente?” “¿Crees que ella nos puede ver?” En ese momentos así llegan los ateos más testarudos con frases como: “No me importa si no hay vida después de la muerte.” “El punto más importante es vivir ahora y ser ético” En los 1980, existían personas en la ciudad de Nueva York que odiaban la religión organizada. Sin embargo, ponían pedazos de cuarzo púrpura bajo sus camas en los tiempos malos para canalizar la buena energía. Al final, aunque nos guste o no, la certeza acerca de nuestro fin está más relacionada con nuestra naturaleza humana que con pedazos de cuarzo que no nos pueden reaccionar cuando nos dicen por ejemplo que una biopsia es positiva. Recuerdo haber ido al funeral de un amigo mío judío en esos años y me sorpendió el hecho que tenía un rosario entre sus manos en su lecho de muerte. Su familia era religiosa de boca, pero él conoció a un Jesuita en sus últimos días y rezar a Nuestra Señora fue una posibilidad que él no quiso excluir. Eso fue bastante curioso para mí porque, si hubieran conocido a ese hombre, sabrían que era el tipo de persona que necesitaba la seguridad en su vida como por ejemplo al levantarse encontrar su panadería favorite abierta.

No importa cuanto nos molestemos o gritemos sobre nuestro destino. Dios sabe lo que sucederá con anticipación. Por eso no dejas el conocimiento de tí mismo o de tu destino a ninguna adivinación; al contrario, elije un método de Encarnación que es históricamente transmitida por testigos  y que garantiza su espíritu para protegernos de cualquier distorción.

Estatutos claros, testigos simples, un hombre llevado al cielo desde la muerte y visto por sus amigos, es lo que nos ha sido comunicado sin ambiguedad por 2000 años para que podamos estar seguros de nuestro destino.
Esto es nuestra fe Cristiana. 

martes, 8 de febrero de 2011

La culpa

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Imagen: arandapolitica.blogspot.com
(2a. Carta a los Tesalonicenses 3:3)“El Señor es fiel: a ustedes los fortalecerá y preservará del Maligno.”

En la niñez las pesadillas toman forma de mounstros cazándonos. En la edad adulta las imágenes cambian por otras más sofisticadas que reflejan cosas como el miedo de volar o ansiedad acerca de la relación que tenemos con nuestro padre o nuestro jefe.

Es divertido como Dios nos enseña lo que es la maldad. Cuando somos niños, nos hace percibir mounstros que nos atrapan. Cuando somos adultos creemos que hemos superado estos temores, ciegos a la identidad del monstruo y llenos de culpas por cómo hemos sido enrredados con sus trucos. Y es aquí cuando quedamos atrapados: nos entrenamos para acostumbrarnos al descontento y enajenación del mal, desde que el truco del pecado no es el Diablo mismo así como el odio o desinterés que engendra, el sentido de que no somos hijos del Padre y que no podemos darle la cara. Así construímos nuestras vidas y nuestras culturas, en torno al dolor de la pérdida de identidad.

La poeta Anne Bradstreet, en el poema Al quemar nuestra casa, cuenta en verso como el fuego destruyó su casa en 1666. Debió ser algo que ella merecía por haber puesto tanta importancia a las cosas materiales, como si necesitara un tipo de auto-recriminación para complacer a Dios. Pero, eso nunca es el caso.

Cristo nos protege del Mal ofreciéndonos su libertad, que siempre abre la puerta a la atracción de su amor. Todo lo que Cristo nos pide es nuestro arrepentimiento, es decir, el ser capaces de reconocer que hemos ido en contra de nosotros mismos y de la realidad. Es por eso que necesitámos una acción concreta. Esa acción es la confesión, siendo que la buena nueva de nuestra salvación es que Cristo mismo nunca nos culpa. El no se queja de nosotros, sino que muestra misericordia en todo momento - algo que ninguna cultura humana antes de la llamada de Abraham, nuestro padre en la fe, aún había oído. 

martes, 1 de febrero de 2011

La maldición del BMW

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“Pues al llegar al mundo no trajimos nada, y al dejarlo tampoco nos llevaremos nada. Conformémonos entonces con tener alimento y ropa. Los que quieren ser ricos caen en tentaciones y trampas; un montón de ambiciones locas y dañinas los hunden en la ruina hasta perderlos.”
(1a. Carta a Timoteo 6:7-9)

Imagen: jitieneblog.blogspot
Actualmente vivimos en una sociedad donde muchas veces colocamos las posesiones materiales sobre y en contra de todos los regalos maravillosos que Dios nos está dando. Incluso también nosotros los católicos podemos caer en egoísmos cuando pensamos en el tamaño de nuestras familias. No hay duda que 17 coches BMW requieren menos  mantenimiento que 17 niños, pero acaso ¿no son 17 niños mucho más valiosos que 17 BMW?  El Catecismo de la Iglesia Católica asegura: “La Sagrada Escritura y las prácticas tradicionales de la Iglesia Católica ven en las familias numerosas una señal de la bendición de Dios y de la generosidad de los padres.” (CCC 2373)Si alguien te cuenta que tiene una colección de 17 coches BMW, distintos modelos, ¿piensas que tu respuesta sería : “¡Que locura más grande!” ?  No. Probablemente tu respuesta sería: “Eso es impresionante, ¿puedo manejar uno?”. Ahora que tal si alguien te cuenta que tiene 17 hijos, honestamente tu respuesta será más cercana a “es una locura” o “es impresionante”.


Las familias numerosas no se deben solamente a la bendición de Dios sino también a la generosidad de los padres. Esta generosidad se ve en sacrificar las posesiones materiales que pudieron haber tenido si no hubieran aceptado la bendición de hijos. El ver al regalo de la vida como una carga es un efecto del pecado. Esta forma de ver la vida se difunde por nuestra sociedad. Las familias numerosas se oponen a esta tendecia por el simple hecho de que están presentes en la sociedad. Las familias numerosas no son solamente una bendición para la familia inmediata sino también para el resto de la sociedad. Las familias numerosas nos recuerdan que la vida es un regalo de Dios y ¡que regalo tan precioso es! , más precioso aún que 17 BMWs.

“No hemos traído nada al mundo, así como no podremos llevar nada de el” 

Blogumulus by Roy Tanck and Amanda Fazani

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