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martes, 23 de febrero de 2010

"¡Qué maravillas han hecho tus manos!"

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Piensa en la última cosa que has hecho. Puede ser algo artístico como un dibujo, un arreglo floral o algo útil como una terraza o un modelo de avión. Cuando reflejas con satisfacción lo que has hecho, te das cuenta que algo de ti mismo se ve reflejado en el trabajo que hicieron tus manos. Entre mas desarrollas tus habilidades artísticas y otras habilidades más puedes identificarte con tu trabajo. Si esto pasa con nosotros los mortales, quienes estamos atados, obligados a trabajar con materiales ya existentes, imagina cómo es para Dios quién creó todo de la nada.

Cuando hacemos algo, primero buscamos un modelo o patrón a seguir. Cuando Dios creó a partir de la nada, no existieron patrones en los cuales se pudo haber basado. En cambio, la sabiduría divina por sí  misma sirvió como ejemplo, modelo o patrón para crear. Por esta razón, San Pablo dice  a todas las personas y no solo a los creyentes, que no tienen excusa para olvidarse de Dios ni para representarlo con la imagen de una creatura. Cada ser humano puede descubrir en la creación una imagen de los atributos invisibles de Dios, de su poder eterno y de su divinidad.

Hoy en muchas partes del mundo, vemos el resurgimiento del antiguo materialismo ateo. Ciertos científicos miran al mundo y declaran que la creación,  no señala los atributos invisibles de Dios, sino que Dios no existe.

Ellos dicen que lo material no necesita explicación. San Pablo rechazó esta postura poco profunda sobre el mundo material. Por el contrario, él le dijo a la gente de su época que no podrían encontrar ninguna excusa o defecto para no adorar a Dios quien creó el cielo y la tierra.  Y después habló de la gran inmoralidad visible y extendida que caracterizaba la realidad moral del primer siglo. Cuando uno se olvida de Dios lo creado desaparece.

Como dice San Pablo, “Lo que él es y que no podemos ver ha pasado a ser visible gracias a la creación del universo, y por sus obras captamos algo de su eternidad, de su poder y de su divinidad.” (Romanos 1:20)

martes, 19 de enero de 2010

El Padre Nuestro

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¿Qué ocurrió cuando Jesús se retiraba a la montaña para orar? Si pudiéramos gatear dentro de su soledad y escuchar su comunicación con Dios Padre estaríamos verdaderamente bendecidos. Pero ¿qué es exactamente lo que Jesús nos ha dado en la oración del Padre Nuestro? En ella encontramos la oración de Jesús en toda su simplicidad y belleza.

Podemos examinar unas pocas frases de esta oración bajo la luz de la sagrada escritura (Marcos 6: 45-52)
¡Santificado sea tu nombre!... ¿Qué puede ser Dios si no es amor? El papa Benedicto XVI llamó nuestra atención a este misterio en su primera carta encíclica Deus caritas est. En la primera carta de San Juan (capítulo 4: 11-18) se dice esto de manera muy clara: “Dios es amor, y el que vive en el amor vive en Dios y Dios en él.” Por esa razón si nosotros utilizamos los nombres Padre, Hijo y Espíritu o Creador, Redentor y Santificador hablamos de ese único nombre: AMOR. Sobre la montaña en su tranquila soledad Jesús experimentó de nuevo la intimidad que es el fin último de la oración.

Venga a nosotros tu reino…  En el corazón de la oración de Jesús hubo una pasión, que Dios Padre reinara en los corazones de todas las personas y naciones. El deseo caracteriza la oración. Es el latido de la oración. Así vemos que Jesús era celoso por la verdad y la caridad, la libertad y la justicia, las 4 características del reino que llamamos Paz. Cuando se experimenta este reinado, el temor no puede encontrar una casa, un lugar donde hospedarse, esta expulsado por el amor perfecto; está expulsado por la cercanía de Dios.

¡Hágase tu voluntad!... La oración auténtica nos lleva a la conversión del corazón. Cuando subimos a la montaña con Jesús para participar en su oración al Padre, deberíamos estar dispuestos a rendir nuestro espíritu rebelde. Deberíamos estar dispuestos a dar la espalda a todo lo que se opone a la voluntad de unidad y paz de Dios.

Un teólogo lo dice bien: “Pero la oración, en un corazón sereno, amable y atento  descansa en Dios, es todo un camino de vida. La oración es el vivir desde el corazón como respuesta a una vida que fluye derramándose; es  amor.”

¿Qué papel juega el “Padre Nuestro” en tu vida espiritual?

miércoles, 30 de diciembre de 2009

La ley y el amor

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Porque mientras que la ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad llegaron por Jesucristo. (Juan 1-17)


Para los que son indisciplinados y tienen necesidad de una dirección constante, las leyes son un gran beneficio. Los que viven en la justicia y cumplen sus responsabilidades,  la llamada a amar es una gracia sin precio. En las etapas diferentes en nuestra peregrinación humana, necesitamos ambas bendiciones: las  leyes en los días de nuestra juventud intranquila; y el amor en las etapas de la madurez.


Moisés es símbolo de la ley. Bajó de la montaña con sus santas tablas de piedra donde fueron labradas los principios que protegen y promueven las relaciones con Dios, con otros, y con nosotros mismos.

Los mandamientos son normas que nos llevan a la libertad auténtica. Mantienen el rio en su límite y previene la inundación destructiva de energía humana que puede causarnos daño a nosotros,  a nuestra relación con Dios y con otras personas.

Jesús atesoró los escritos de las escrituras hebreas y conoció bien la Ley de Moisés. Edificando sobre esta base, nuestro Señor nos llamó a una vida de amor con sacrificio, a darse  uno mismo imitándolo a él. El amor no solamente cumple con la ley,  va mas  allá de ella porque trae la felicidad y la paz que solamente el amor duradero puede alcanzar.

Moisés  entendió bien  la centralidad del amor. En su experiencia del arbusto ardiente, Moisés  tuvo un encuentro con Dios  quien es amor. Esa revelación dio forma y cambió para siempre el corazón de Moisés. En lo profundo de su ser  supo que la santidad es algo más que mantener la ley; la santidad implica el llegar a ser una persona amable.

La enseñanza de Jesús sobre el amor no era ni romántica ni sentimental. El amor que él enseñó incorporó la ley de la Cruz. Cualquiera que lo siga sobre su senda de amor, tendría que aceptar la ley de cargar su cruz cotidianamente. Por eso el ser discípulo implica que uno abraza la ley y el amor.


Santa Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia, escribió en su autobiografía: La historia de un alma: ”oh ¡Cómo amo este Nuevo mandamiento siendo que me da la seguridad que tu divina voluntad es amar en mí a todos los que tú me ordenas amar!”

martes, 22 de diciembre de 2009

Sacramento del Órden Sagrados

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Hay personas en nuestra Iglesia Católica, en nuestra comunidad de fe que están a la disposición de nosotros para servirnos en nuestras necesidades espirituales. Estos individuos son los ministros sagrados de nuestra Iglesia Católica. Ellos fueron ordenados por un obispo por medio de un sacramento especial llamado el sacramento de las órdenes sagradas. Con este sacramento se construye la jerarquía de diacono, sacerdote y obispo en nuestra familia de fe.

      Como en el caso de los sacramentos del Bautismo y la Confirmación se puede recibir este sacramento solamente una vez en vida. Inicialmente se ordena un hombre ‘diacono’ y después él puede recibir el orden de sacerdote y más adelante el orden de obispo. Siendo que se recibe este sacramento por vida nunca puede ser ordenado de nuevo como diacono, sacerdote u obispo.

      Únicamente los hombres pueden recibir el Sacramento de Órdenes Sagradas.

      Jesucristo instituyó el Sacramento de Ordenes Sagradas al mismo tiempo que hizo el Sacramento de la Sagrada Eucaristía en la Ultima Cena.. Para poder cambiar el pan y el vino en el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de Cristo, necesitamos sacerdotes a quienes se les ha dado este poder por medio de su ordenación sagrada a manos de un obispo.

      Los obispos reciben el grado más alto de Ordenes Sagrados  Muchas veces se dice que los obispos han recibido “la plenitud del sacerdocio”, lo cual significa que únicamente ellos tienen la autoridad de ofrecer todos los siete sacramentos. Los sacerdotes tienen el poder y la autoridad de celebrar cinco de los sacramentos [el bautismo, la confesion la Eucaristía (la Misa), el matrimonio y la unción de los enfermos]. Los diáconos pueden celebrar dos sacramentos, el bautismo y el matrimonio cuando se celebra sin una Misa de Bodas. En casos extremos algunos sacramentos pueden ser dados por alguien que no es ministro, como el bautismo cuando la persona a bautizar está en peligro de muerte o el matrimonio en los países de misión donde no está presente con regularidad un sacerdote o diacono. Sin embargo, normalmente es el obispo, el sacerdote o el diacono quienes celebran los sacramentos, porque una de sus funciones principales es la administración de los ritos sagrados de la Iglesia.

      Los diáconos, sacerdotes y obispos reciben bastante entrenamiento pastoral y teologal. En un sentido se puede comparar su entrenamiento con el de los médicos y abogados.

      El Sacramento de Ordenes Sagradas no convierte al hombre en un aristócrata, pero si confiere la dignidad del sacramento, y eso implica que tiene que obedecer al Papa y estar al servicio de la familia de Dios, los creyentes. En la historia han habido hombres ambiciosos que han abusado de su oficio de obispo, sacerdote o diacono. No obstante, el fin original del Sacramento de Ordenes Sagradas no fue para crear una clase de privilegiados sino para proveer un liderazgo espiritual. Por eso, es muy importante que el pastor conozca y ame a su rebaño, a las personas a quienes debe guiar y servir en vez de verlos como sirvientes.

      Un obispo, sacerdote o diacono puede retirarse de su actividad ministerial o puede ser que se le obliga a retirarse porque se ha comportado malamente. Sin embargo, nunca se puede quitar de ningún diacono, sacerdote o obispo el Sacramento. El que ha sido obligado a retirarse no debe usar ropa clerical y no tiene permiso para funcionar como sacerdote, diacono u obispo. Esto es un castigo por haber cometido un acto criminal o haber causado escándalo.

      Sin embargo, a veces un diacono, sacerdote o obispo que no ha hecho nada inmoral o criminal puede pedir que le permitan en adelante vivir su vida como laico, sin tener que celebrar su ministerio sagrado. Tampoco ellos pueden usar su ropa clerical. Su petición para entrar y vivir a la vida como laico tiene que ir a Roma y solamente el Vaticano puede aprobarla. Con la aprobación quien hizo la petición ese hombre puede casarse pero nunca más puede celebrar los sacramentos públicamente. Existe una excepción: cuando se encuentra una persona moribunda y no hay otros sacerdotes al alcance el ministro a quien se retiró su permiso para realizar los sacramentos, puede confesarlo y darle el sacramento de los enfermos. Esta es la única excepción, una excepción hecha para favorecer a los que ya tienen un pie en el otro mundo.  

jueves, 10 de diciembre de 2009

La iglesia católica y la homosexualidad

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Lo que la Iglesia en cuanto a los estilos de vida esta de acuerdo con sus enseñanzas sobre la moralidad en general. Cuando se habla de la moralidad cristiana se dice que debemos controlar nuestros impulsos y vivir como seres humanos y no como perros callejeros.

Todo cae bajo la distinción básica entre lo que sentimos y lo que hacemos con esos sentimientos o emociones. Cuando queremos algo, eso no nos da el derecho de robarlo; o cuando nos sentiríamos mas a gusto si otra persona estuviera muerta pero no por eso deberías esperar que te den permiso para matarla.
La misma distinción se aplica a las actividades sexuales sin importar a quien (o a que) te sientes atraído; no existe ninguna licencia para alejarse deas enseñanzas que la iglesia ha transmitido desde los tiempos bíblicos y por los siglos de la cristiandad.

Siendo que la iglesia existe para preservar y enseñar la doctrina perene que ha recibido de Dios en la Biblia y en la Tradición Apostólica; clasifica la actividad sexual como ilícita. Por ejemplo, cuando se comete robo y homicidio es la acción de hacerlo lo que la iglesia llama ilícito y no la inclinación o intención de hacerlo.

La Iglesia define la homosexualidad como algo que no es normal- y, desde el punto de vista  estadísco no es – pero no hay nada de malo con la tendencia homosexual; es decir, no se puede llamar a la homosexualidad mala o pecaminosa si entendemos el termino como un juego de sentimientos involuntarios que pueden ser el resultado de un sin numero de causas, de las cuales ninguna se entiende completamente. Pero el estilo de vida homosexual, como cualquier otro estilo de vida, es una elección y ninguno tiene que vivir de esta o aquella manera. Puede ser difícil aceptar este punto de vista, especialmente en estos dias que las personas muchas veces usan la palabra homosexual como si significara las 2 cosas; los sentimientos y el estilo de vida. Sin embargo, desde el punto de vista de la Iglesia hay una gran diferencia entre las 2: la inclinación al acto homosexual y la actividad homosexual. Aquí también la prohibición de la Iglesia nos habla de la orientación sexual- que una persona no elige, pero se habla de la forma de vida que la persona si elige.

Cualquiera que sea la situación, las reglas en cuanto a la castidad- hablando del autorrespeto y el respeto a otros; son las mismas para todos. Dios en su sabiduría, aparentemente dio a algunas personas una cruz mas pesada de la que ha dado a otros. Pero la Iglesia enseña que la persona que tiene una dificultad extra que no eligió; también recibe la gracia necesaria para vivir con ella de una manera que complace a Dios- pero se tiene que pedir e intentar, cada día, vivir según ese alto patrón. “Si nosotros deseamos”, -dijo el Papa Pablo VI- “podemos mantener castos nuestro cuerpo y espíritu. El Señor, que habla con gran severidad en esta materia (Mateo 5, 28), no propone una cosa imposible. Nosotros los cristianos, regenerados en el bautismo, mientras que no estamos libres de este tipo de debilidad recibimos la gracia para superarla con una facilidad relativa”. Este es un principio que desde el punto de vista de la Iglesia prácticamente elimina cualquier excusa para actuar como un perro callejero.

El Papa Pablo VI, sin duda, quería dar a entender que es fácil superar todo tipo de lujuria siendo miembro activo de la Iglesia que al estar retirado de ella.

Al fin y al cabo, la Iglesia no solo condena el comportamiento  dejándote solo con tus propias fuerzas para terminar con ese comportamiento. Ella tiene dos mil años de habilidad psicológica y pastoral sin decir nada en cuanto a técnicas espirituales para ayudar; y con seguridad podemos decir: Si buscas la gracia necesaria por medio de la Iglesia vas a recibir también un gran entendimiento si intentas primero entenderte a ti mismo. Pero no es correcto ni justo decir que la iglesia prescribe un solo estilo de vida para todos sin tomar en cuenta otras cosas porque no es cierto.


”Cada uno siga en la condición en que lo puso el Señor, en la situación en que lo encontró la llamada de Dios.”  (Corintios 7, 17)  Por ejemplo, el celibato obviamente es de gran ventaja para el clero pero es igualmente obvio que no es para todos. Los padres de la Iglesia, como Cristo, recomiendan la virginidad (o a falta de esto, la castidad) pero también apoyan el matrimonio el cual, tal vez no todos están llamados a seguir este camino.

Algunas consideraciones importantes sobre la homosexualidad:

1- Es importante distinguir entre las tendencias ocasionales hacia la homosexualidad y la verdadera homosexualidad porque las tendencias homosexuales ocasionales, especialmente las que ocurren entre adolescentes y jóvenes, muchas veces desaparecen en la madurez.

2- El hecho de que no conozcamos la causa última de la homosexualidad y que los verdaderos homosexuales no pueden cambiar su orientación sexual nos lleva a la conclusión de que los verdaderos homosexuales no son mas responsables por  ser homosexuales que las personas heterosexuales son por ser heterosexuales. Esto es un hecho critico que tenemos que mantener en mente cuando buscamos evaluar moralmente la homosexualidad y los actos homosexuales. No debemos culpar a los verdaderos homosexuales por ser homosexuales. Sin entenderlo, en la providencia de Dios ciertas personas son homosexuales. Esta perspectiva básica deberíamos tenerla en consideración cuando enfrentamos la homosexualidad.

3- Las sagradas escrituras no explican plenamente la moralidad de todos los casos específicos de comportamiento sexual ni en lo que toca la homosexualidad, ni en lo que toca otros aspectos de la moralidad sexual. Sin embargo, en las sagradas escrituras existe una actitud básica hacia la sexualidad en la cual los actos homosexuales están vistos como un mal pero no se encuentra una condenación de personas con orientación homosexual

lunes, 23 de noviembre de 2009

Por qué la Eucaristía es el sacramento más importante

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Cuando oímos que alguien habla de la Sagrada Eucaristía, sabemos que esa persona ha estado hablando del cuerpo y la sangre de Cristo presente en el pan y el vino que se consagran durante una Misa.

El que habla de la Eucaristía está fácilmente subrayando solamente uno de los tres aspectos del cuerpo y la sangre de Cristo. Puede ser que habla del aspecto de sacrificio, el sacrificio de Jesús que se re-presenta cada vez que se celebra la Misa. Sin embargo, también existe la posibilidad que cuando se habla de la ‘Eucaristía’ se está subrayando el aspecto de  Comunión (que se realiza cuando tomamos la santa comunión).

El tercer aspecto de este sacramento aparece cuando una persona habla de la Eucaristía señalando principalmente lo que la mayoría de nosotros llama el Santísimo (el cual se encuentra en el Sagrario y que en momentos particulares se expone para nuestra adoración pública). Estos tres aspectos (la Sagrada Eucaristía vista como sacrificio, como la santa comunión y como el santísimo) forman el meollo de nuestra creencia católica tocante este sacramento.

 De los siete sacramentos, la Sagrada Eucaristía es la más central y la más importante de nuestra fe católica. Digo esto porque nosotros los católicos creemos firmemente que el pan y el vino consagrados son actualmente y verdaderamente el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de Cristo. Para nosotros los católicos la presencia de Cristo en la Sagrada Eucaristía no es solamente una presencia simbólica o simplemente espiritual. Es una presencia real. Por esta razón, decimos que Jesucristo está substancialmente presente en el pan y el vino consagrados.  

      Ahora quiero mencionar algunas de las enseñanzas básicas tocante la Sagrada Eucaristía.

1. La palabra Eucaristía es una palabra griega antigua que significa “agradecimiento.” Nosotros los católicos estamos agradecidos, y demos gracias a Dios por habernos dado este pan del cielo, la Sagrada Eucaristía, para alimentar y nutrir nuestra alma.

2. La palabra Comunión llega del latín: Co significa “con” y unio significa “unión.” Comunión significa “unión con.” Nosotros los católicos creemos que la Santa Comunión permite al creyente unirse con Cristo compartiendo su cuerpo y sangre.

3. En la Misa se puede utilizar solamente el pan hecho de trigo y el vino de uvas. En el momento preciso en que el sacerdote o el obispo dice las palabras de consagración---las palabras que Cristo utilizó durante la Ultima Cena: “Este es Mi cuerpo” y “Esta es Mi sangre”--- el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de Cristo. Eso es lo que todos los católicos siempre hemos creído.

4. En nuestra Iglesia Latina (Occidental) que está gobernada por el Papa se usa pan sin levadura, pan hecho de harina de trigo y agua – sin ningún otro ingrediente- similar al pan ázimo utilizado por Cristo en la Ultima Cena.

5. En la Iglesia Bizantina (Oriental), el pan utilizado contiene levadura, como símbolo de la Resurrección, y no hay ningún otro ingrediente.

6. A nivel humano y natural, lo que comemos llega a convertirse en parte de nosotros. Cuando comemos demasiado engordamos y consecuentemente tenemos la necesidad de seguir una dieta. A nivel sobrenatural, cuando nosotros los católicos nos alimentamos con el cuerpo y la sangre de Cristo, supuestamente debemos llegar a ser mas como Cristo - en su obediencia al Padre, teniendo más humildad, y mostrando más amor al prójimo.

7. Así como en el caso del Bautismo, la Sagrada Eucaristía también se considera como un sacramento de iniciación, porque la Iglesia anima a los recién llegados a la fe y a los niños que acaban de recibir su primera comunión a participar con  regularidad y frecuencia a la Santa Comunión.

Para nosotros católicos el acto físico de comer el pan consagrado o beber el vino consagrado desde el cáliz no es lo mas importante. Más importante para nosotros los católicos es la realidad fundamental e invisible que el alma humana se está alimentando/nutriendo con el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de Cristo. El cuerpo únicamente consume las apariencias de pan y vino mientras que el alma recibe a la persona de Cristo en su totalidad.


Cuando nosotros los creyentes recibimos la Santa Comunión, estamos íntimamente unidos con Nuestro Salvador, Jesucristo. Sin embargo, lo que ocurre cuando uno recibe la  Santa Comunión no se limita a la relación establecida y fortalecida entre el comulgante y Jesús. Al recibir la Santa Comunión, nosotros los católicos expresamos nuestra unión con todos los católicos del mundo de todos los tiempos, católicos que han obedecido las mismas leyes y han seguido los mismos lideres que nosotros. Es por esto que nosotros los católicos (y los cristianos de la Iglesia ortodoxa oriental) tenemos una ley estricta que dice que únicamente las personas en comunión con la Iglesia pueden recibir la Santa Comunión. Para decirlo de otra manera, solamente las personas que están unidas por las mismas creencias - los siete sacramentos, la autoridad del Papa y las enseñanzas que se encuentran en el Catecismo de la Iglesia Católica - están permitidas a recibir la Santa Comunión

miércoles, 4 de noviembre de 2009

¿Es este el mejor mundo que Dios pudo hacer?

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En vez de este cuestionamiento sobre la creación desde nuestro punto de vista, tal vez debemos iniciar con los fines de Dios. El mundo que Dios creó era el que mejor estaba de acuerdo con sus fines de expresar su bondad, compartir su vida con otros y su propia glorificación.

      El gran don de Dios a los humanos es la libertad. Es en el proceso de elegir el bien cuando mejor llegamos a ser la imagen y semejanza de Dios---mas que las otras creaturas.  El proceso de elegir el bien también significa que tenemos la habilidad de elegir el mal. Es en el proceso de elegir que llegamos a merecer una recompensa. Es en la elección que hagamos cuando podamos amar y ser amados por otros. Esos bienes en el plan de Dios son lo que es importante.

      Sin embargo, esto no significa que el mundo que Dios creó es el más perfecto. Siendo que la bondad y el poder de Dios son infinitos, no pueden agotarse por medio de una obra finita. Consecuentemente, Dios pudiera hacer otras creaturas que son más perfectas. No obstante, podemos decir que el mundo es relativamente el mejor porque Dios había elegido los mejores medios para alcanzar el fin que El se había propuesto cuando creó.

      Sabemos que el mundo que ahora existe no posee la máxima perfección que podemos imaginar. Dios no tenía ninguna deuda consigo mismo para crear el mejor mundo posible, porque Su perfección y felicidad no pudieran aumentar aun por un mundo mejor. Si alguien niega la libertad de Dios para elegir entre este o ese mundo, esa persona limitaría Su omnipotencia, la cual abraza todo lo posible.

      Finalmente, cuando tratamos específicamente con el sufrimiento en este mundo, siempre enfrentamos un misterio.

miércoles, 28 de octubre de 2009

¿Qué significan el vino y las serpientes en las representaciones de San Juan el Evangelista?

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Cuando llega el 27 de diciembre, la fiesta de San Juan, el superior religioso de al menos unos conventos y monasterios bendice vino que después se toma con la comida. El viejo libro romano de ritos tiene una bendición de vino para esta fiesta. El rito conmemora la leyenda que en una ocasión, cuando Juan estaba en Efeso, se le dio para beber un vaso de vino envenenado. Antes de beberlo San Juan bendijo el vino y el veneno salio del vaso bajo la forma de una serpiente.

      Según el autor del libro Manual de fiestas y costumbres Cristianas, aún hasta hace unos 50 años en el día de la fiesta de San Juan se veía a católicos del centro de Europa llevar botellas de vino y sidra a la Iglesia para que fueran bendecidas. Después se las llevaban a casa y algunos de ellos derramaban un poquito del vino bendecido o sidra en cada barril del sótano.

     Algunos llaman a este vino bendecido el amor de San Juan. En algunos lugares en el día de la boda se dan a la novia y el novio un traguito de este vino. En otras ocasiones se da un traguito del vino, como un sacramental, a una persona que está muriendo.

martes, 20 de octubre de 2009

¿Cómo existió Jesús antes de su encarnación?

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 El Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, existió desde toda la eternidad, siendo uno con el Padre y el Espíritu Santo.

Antes de su encarnación esta Segunda Persona de la Trinidad no tenía ni cuerpo humano ni naturaleza humana. En el momento de su encarnación, es decir, cuando María acepto ser la madre de Jesús, y por la acción poderosa del Espíritu Santo, Jesús fue concebido por María. En ese momento la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, tomó una naturaleza humana. En el Ángelus decimos, "y la palabra se hizo carne…y habitó entre nosotros". En el Credo decimos, “El nació de la Virgen María y se hizo hombre" Consecuentemente, en la persona del Hijo encarnado de Dios ambos la naturaleza divina y la humana se unen. Jesús como Hijo de Dios siempre existió.

Desde el momento de su concepción en el vientre de María el Hijo se hizo humano.

Blogumulus by Roy Tanck and Amanda Fazani

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